Habida cuenta de lo que me parece es cierta aprensión y resistencia de varios de Uds. a los conceptos pilares, de inspiración freudiana, del análisis institucional y la escuela socianalista francesa, les propongo una serie de ejercicios de “sensibilización” para los que apelo a la mayor colaboración o de “dejarse llevar” por las consignas aunque les parezcan ridículas o sinsentido.
Elija uno de estos
1) Recuerde el día que ingresó en alguna institución como adulto: la universidad, un trabajo, una no laboral (cultural, política, recreativa, religiosa, etc.). ¿Cuál era el miedo, angustia que Ud. recuerda que sintió? ¿qué cosa concreta de la institución en la que empezaba a formar parte le desencadenaban esas emociones?. Quédese con lo que primero le viene a la mente, no trate de racionalizarlo. Intente asociarlo a la cuestión del imaginario y el fantasma.
2) Intente recordar qué es lo más traumático, frustrante o angustiante que le ocurrió en tanto miembro de una institución de cualquier tipo como adulto. Quédese con lo que primero le viene a la mente, no trate de racionalizarlo.¿Con qué nivel de análisis de lo institucional lo asocia: con lo organizacional, con lo simbólico, con lo imaginario?
3) Intente recordar qué es lo más gozoso, feliz o satisfactorio que le ocurrió en tanto miembro de una institución de cualquier tipo como adulto. Quédese con lo que primero le viene a la mente, no trate de racionalizarlo. ¿Con qué nivel de análisis de lo institucional lo asocia: con lo organizacional, con lo simbólico, con lo imaginario?
4) Tomemos la carrera de sociología/Facultad de Humanidades de la UNMdP como la institución de referencia de la que somos miembros ¿cuáles serían los ejes de disconformidad/malestar o satisfacción/gozo que siente hacia ella?. Cómo puede analizar esto desde el concepto de implicación.
5) ¿Qué elementos o prácticas de otras instituciones (familia, empresa, cárcel, partido político, Iglesia, etc.) ve Ud. dentro de la vida universitaria? Utilice el concepto de transversalidad.
24 comentarios:
Trabajo Practico N°2
Consigna N°3
Galera, Karina
Creo que inevitablemente sin racionalizarlo lo mas feliz y satifactorio que me paso como adulto y miembro de una institucion, este caso la misma seria la clinica Colon, fue el reciente nacimiento de mi primer hijo.
Yo este caso lo relacionaria con el nivel de analisis de lo simbolico, este nivel de lo institucional pone el acento en la significacion simbolica de la institucion , cuyo contenido exterior, necesita para actualizarse una interiorizacion en momentos y lugares singulares de la vida social. Es tambien todo este carácter simbolico en relacion a la felicdad que se le atribuye a un nacimiento en nuestra vida social , tenemos como codigo compartido en relacion a una nueva vida, un momento de plenitud plena que uno no duda en persarlo y /o sentirlo de otro modo.
Con respecto al fantasma:
Efectivamente es un concepto que no hemos trabajado en la carrera y que por si mismo se vuelve fantasmagorico para muchos de nosotros. Entiendo que el fantasma opera a nivel imaginario y que no puede ser simbolizado ya que en eso radica su caracter esquivo. Lo que no puedo ver es su relacion con la institucion o el momento instituyente de su fundacion.
Cuando Castoriadis reflexiona sobre la religion mosaica, el fantasma es Dios y su colera, o la Ley y lo que prohibe?
Tengo mas preguntas pero con esta me conformo por hoy.
TP 2
Martynowskyj, Estefanía
Yo quisiera utilizar la noción de imaginario para hacer una pequeña reflexión sobre la figura del Che Guevara en la sociedad contemporánea.
Podríamos pensar los sentidos que enviste hoy el mito del Che –rebeldía, voluntad, coraje, solidaridad, entrega, altruismo, etc.- como un deslizamiento, un desplazamiento de sentido desde el imaginario de la guerra revolucionaria hacia el mito romántico del coraje y la entrega (en las palabras de Castoriadis esto representa una operación a través de la cual unos símbolos ya disponibles están investidos con otras significaciones que las suyas “normales” o canónicas).
Hugo Vezzetti -psicoanalista investigador de Conicet- caracteriza en su libro “Sobre la violencia revolucionaria. Memorias y olvidos” (2009), a la violencia revolucionaria como un motivo que conjuga tres mitos: el político acerca de que la violencia agudiza las contradicciones, el epistemológico sobre su carácter revelador de la verdadera naturaleza de las relaciones de poder y el mito moral, en relación a que activa a los sujetos y saca lo mejor de ellos: coraje, sacrifico, heroísmo. Ahora bien, dice Vezzetti que en la salida de la dictadura, y habiendo caído el sistema de creencias que sostenía el imaginario de la guerra revolucionaria, a la vez que se arraiga una nueva percepción que rechaza la figura del combate a muerte como caracterización del conflicto político, se recupera la figura del Che como un ingrediente fundamental del imaginario moral de la rebeldía individual en un horizonte que caracteriza como cerrado a las esperanzas colectivas.
La foto del Che, un primer plano de la cara, con la frente en alto y mirando al horizonte, se convierte en un símbolo (entre otros, pero de gran peso) que permite que este imaginario se exprese. Su imagen y ciertas frases “célebres” suyas, son descontextualizadas del imaginario revolucionario del cual emergen y se produce este desplazamiento del símbolo hacia otro imaginario. Así el Che pasa de símbolo de la lucha revolucionario a símbolo de la lucha a secas, lo cual permite este uso “individualista” que señala Vezzetti.
Más adelante en su libro el autor habla sobre la apropiación del Che por los revolucionarios argentinos de los sesenta-setenta, en particular los de origen peronista, y expone nuevamente el funcionamiento de lo simbólico y lo imaginario, mostrando como en esa época histórica, el Che, como símbolo de la revolución y representante del triunfo del movimiento revolucionario en Cuba que encarna un esperanza y una guía a la vez, es tomado, no en su totalidad (una constelación compleja de sentidos, ideológica y moral, que incluida programas, mandatos, visiones de mundo y la historia, representaciones del sujeto, de los resortes de la acción, incluso una filosofía práctica de la vida y de la muerte), sino fragmentariamente. Esto se debe por un lado, a que el escenario político argentino arrastraba sus propios mitos y escenas del pasado y, por el otro, a que esto suponía trasplantar una experiencia guerrillera de base rural (como la que desplegó el Che en Cuba, el Congo y Bolivia), a una estrategia armada que debía realizarse sobre todo en medio urbanos. Por lo tanto, lo que los revolucionarios argentinos de los sesenta-setenta toman del Che, es principalmente los factores “subjetivos”, que quedaban comprendidos en la utopía del hombre nuevo. Este mito a su vez no nace con las experiencias revolucionarias latinoamericanas, sino que se remonta a los orígenes cristianos, en el tópico del remplazo del hombre viejo (Adán, el de la Caída y la inclinación al pecado) por el hombre nuevo, unido a Cristo por el bautismo: el hombre regenerado, nacido en la fe.
Con este breve repaso por la figura del Che y su apropiación política en dos contextos diferentes, he querido dar cuenta de la riqueza de los conceptos de lo simbólico y lo imaginario, para analizar la constitución de los marcos sociales de referencia que guían la acción política, el pensamiento sobre lo social, etc.
TP 2 bis
Martynowskyj, Estefania
El comentario de Karina me generó ciertos recuerdos en relación a mi maternidad (también reciente, aunque no tanto como la suya!) y quisiera agregar algunas ideas que tenía en aquel momento, las cuales, además, se acercan a la propuesta de la consigna 3.
Con mi pareja tomamos la decisión de tener un hijo y apostamos a seguir manteniéndonos unidos y fortalecer nuestra familia. En este marco, el nacimiento de Amanda fue, sin duda también para mi uno de los momentos más felices de mi vida adulta.
Sin embargo los primeros días de su vida, no estuvieron marcados solamente por la felicidad. Las incomodidades físicas generadas por el post-parto, el dolor que produce dar la teta los primero días de vida del bebe, la adaptación de ella a la vida fuera del útero, y nuestra adaptación como pareja y familia a la convivencia con una nueva integrante, generaron que este primer período fuera por lo menos complejo y que me planteara no pocas contradicciones (que feliz que estoy por el nacimiento de Amanda, pero como me duele todo ¡!!...que ganas de dormir de corrido ¡!! Etc. Etc.)
Sin embargo como dice Karina, existe un consenso en nuestra sociedad acerca de “lo feliz” de los nacimientos. Este simbolismo constituye y refuerza la institución de la familia y de la maternidad. Estas instituciones necesitan para actualizarse, una serie de acontecimientos que le permitan a los sujetos internalizarlas. El nacimiento de un hijo es uno de ellos, como también el casamiento, las vacaciones familiares, la construcción o la compra de la propia casa, etc.
Volviendo al tema del nacimiento, que es lo que nos interesa, su utilización como símbolo, en el imaginario de la maternidad y la familia, cuestiona la posibilidad de tematizar al mismo tiempo que la felicidad que este acontecimiento provoca, las situaciones poco felices que también genera.
Práctico 2 – Herren, Yolanda
Consigna 3
Elijo la consigna más optimista para equilibrar con el inicio del otoño marplatense.
Contexto del hecho en cuestión: épocas de la última dictadura, yo recién llegada a Mar del Plata, sola con un hijo pequeño, búsqueda de trabajo indispensable y urgente. Conseguí, en registro de emergencias, una escuela pública primaria de adultos zona Puerto que funcionaba a la noche: la escuela “Federico García Lorca”. Que la escuela llevara ese nombre ya producía una sonrisa silenciosa. Que siguieran funcionando estas escuelas de adultos abiertas en la “primavera camporista” también era para respirar hondo. La institución era objetivamente un edificio sucio y mal iluminado, tres docentes, alumnos en general ligados a la pesca, la mayoría jóvenes que habían abandonado la primaria y necesitaban completarla por la promesa latente de blanqueo. O sea, la mayoría sabía leer y escribir básicamente pero tenían la primaria incompleta. Eran bulliciosos, pendencieros, faltadores pero respetuosos con los maestros. Yo quedé a cargo del primer nivel, los analfabetos o casi. Entre ellos había una mujer de edad mediana que venía directamente de trabajar, con el equipo de filetera y algún abrigo arriba. Me acuerdo especialmente de las botas blancas. Yo usaba guardapolvo, por supuesto. Cada una exponía un símbolo de una y otra institución. Esta mujer ya era el segundo año que iba a la escuela y no podía saltar la barrera de las palabras: seguía sin poder leer, conocía las letras pero no podía reunirlas en palabras. Se ponía nerviosa, se angustiaba; sin embargo, no faltaba nunca. Tal vez hubo una especial empatía entre ella y yo y unos pocos meses después ya no era analfabeta. Yo, que venía de sueños derrotados sentí que no todo estaba perdido y ella tal vez sintió que podía algo más que trabajar y criar hijos. Pero había más. Cuando se llevó el certificado del primer nivel aprobado me contó el “fantasma” que la perseguía y que había podido vencer: no soportaba que sus hijos hicieran los deberes al regresar de la escuela y ella no pudiera ayudarlos. Más aún, sus hijos no sabían que ella era analfabeta, disimulaba y mientras fueron chicos pudo hacerlo; pero ya estaban crecidos y pronto la descubrirían. Aprender a leer y escribir era mucho más que la dimensión funcional, objetiva, el uso diario de ese saber y aún la simbólica: era una dimensión imaginaria, un exceso de sentido que no podía ser simbolizado. La madre analfabeta se transformó en un secreto pesado, insoportable (recién entonces entendí su vestimenta: venía directamente del trabajo a la escuela, sus hijos no debían saber). El imaginario colectivo, la madre ayudando a sus hijos en las tareas escolares, es un imaginario instituyente. El sentimiento de vergüenza de la madre no era reconocido como tal, era “una envoltura protectora y angustiosa”. Dice Enriquez que cuando los individuos eluden las normas y se comportan fuera de lo previsto, pero sin decirlo por miedo a ser negativamente evaluados, se instala el secreto. Saber leer tenía un plus fantasmático, una necesidad con la marca del exceso. Dice Loureau que cuando se afirma que el imaginario no cumple ninguna función porque los hombres tienen problemas reales se olvida que los hombres llegan precisamente a resolver esos problemas reales sólo porque son capaces de lo imaginario. Para Castoriadis, los imaginarios son tan reales como la gente que cree en ellos. El imaginario, una vez planteado, implica consecuencias propias: la madre que fantaseaba con el rechazo de sus hijos si la sabían analfabeta tuvo sus propias consecuencias: la difícil decisión de ir a la escuela. Las distorsiones fantasmáticas, las no inteligibles racionalmente, son el marco de referencia para hacer inteligible todo lo demás. Y dejo para el final el “plus fantasmático” que tuvo para mí, para esa maestra en ese lugar y tiempo. Volviendo a conceptos de Castoriadis, hay una función de lo imaginario en la institución que supera a su función: sin él lo simbólico y lo funcional sería incomprensible.
Sánchez Reales Xavier
Matricula 17.353
TpN°2
Consigna N°2
Lo primero que se me viene a la mente fue una frustrante experiencia que viví, cuando trabajaba en Personal, telecom, como supervisor Zonal. Ahí hay una especie de mito grupal fundante, pero que funciona de una forma muy curiosa. Como los primeros dueños fundadores lograron posicionarse a través de estafas y chanchullos, existía una competencia constante para ver quien era más “garca, o quien se parecía más a estos tipos. Cuestión que empezó una ola masiva de despidos. Si cualquiera llegaba cinco minutos tarde, o miraba mal a los gerentes generales, recibía el telegrama. Aunque parezca “increíble”, así funcionaba el recambio de personal en esta empresa cada 2 años.
La cuestión que una compañera, embarazada, por ley envió a la ART un telegrama avisando que estaba embarazada y que si era posible trasladarla a tareas pasivas. Dicho correo llega a mis superiores de aquel entonces, quienes toman esa noticia como causal de una serie de reprimendas: La primera fue la negación por escrito de la solicitud. La segunda, fue el incremente de horas laborales. La tercera, la demora en la liquidación de su sueldo.
Yo no estaba enterado de estas medidas, hasta que ella me lo contó. Cuando fui a averiguar lo que sucedía, antes de poder decir palabra alguna, me ordenan que despida a esta chica, por ir en contra del código de convivencia de la empresa. Ante esta absurda petición, presento mi negativa, la cual fue respondida con la siguiente frase: “si no le querés decir, le digo yo. Eso si, te vas vos con ella”, dijo el gerente general. Obviamente a esta situación, se generaron varias discusiones que llevaron a insultos y demás. Y por supuesto, terminamos mi amiga y yo en un abogado, iniciándole juicio a la firma y sin empleo.
Podría decirse que las problemáticas que han surgido en este relato, pertenen al nivel simbólico del análisis institucional. Esto se debe a que existe cierto mito fundante, creado por la imagen de los fundadores de la empresa. El cual ocupa un lugar preponderante en el tipo de relaciones sociales que se llevan a cabo entre empleados y superiores. Este tipo de subjetividad instituida, sirve como sistema de legitimación de las sanciones aplicadas a los miembros de la oficina. Pero también existen cuestiones que pertenecen al nivel de lo imaginario, pues los sujetos quedan atrapados de sus deseos de afirmación narcisista, y de identificación con esos fantasmas. La institución, en este caso empresa, genera ese Excedente, el cual plasma la necesidad de superación continua para acceder al poder, de un cargo jerárquico, que termina siendo una forma de reproducir las pautas culturales de presión por lograr mas despidos si no se respeta el “código laboral”.
Mariano Malvica, mat.16127
(continuación)
Por último, me gustaría compartir algo que siento y que creo que viene acorde a las consignas. Pienso que algo que tenemos en común muchos de los compañeros de esa camada del 2007-2008 es que esa situación de irregularidades en la carrera ayudo a crear cierto mito fundacional o historia que ocupa un lugar en la memoria colectiva de buena parte de los estudiantes de la carrera (sobre todos de los primero ingresantes de la carrera). Donde esa situación que comenzó siendo de lucha estudiantil - hasta en cierto punto angustiante en mi caso - dio y sigue dando sentido a un grupo de estudiantes para seguir interviniendo en la construcción de la carrera de sociología: mostrando que con la participación de los estudiantes y la lucha se puede construir una carrera. Esta experiencia, como muchas que siguieron y siguen ocurriendo dan sentido a ciertas “practicas militantes, en las cuales (en 2007/08) nos reconocimos como un grupo de estudiantes con objetivos, intereses y propuestas para la carrera. Así, con la lucha y la intervención de los estudiantes de la carrera se fue consolidando una “armazón cultural” propia de esa cultura universitaria.
AGUSTINA BACCIADONE Mat. 17074
Consigna 2
Lo más angustiante que me ocurrió cuando trabajaba en el Centro de Atención al Cliente CTI (ahora CLARO) fue pensar en no poder cumplir con el trabajo y la facultad a la vez; fue no desear dedicarle todo mi tiempo al trabajo, como sí hacían muchos de mis compañeros (y en especial, los que mejor se desempeñaban dentro de la empresa). En un principio lo sufrí desde un aspecto relacional, ya que éstos compañeros antes mencionados habían logrado forjar lazos fuertes y duraderos, que sobrepasaban el espacio-tiempo laboral. En especial me resultaba frustrante porque más de una vez me habían señalado mi buen desempeño y el interés por parte de “la empresa” de conservarme como empleada, de efectivizarme luego de terminado mi contrato temporal. Lo extraño fue que luego me dí cuenta de que lo que se premiaba no era la buena atención o la facilidad para operar con nuevas tecnologías, sino la disciplina y la entrega que se otorgaba a la empresa por parte de los empleados. Que los empleados usen “la camiseta de la empresa” (frase harto utilizada al interior de la misma). Digo esto porque entendí que quienes “triunfan” en este tipo de empresas no son los más avispados o con más aptitudes (ojo, no me estoy atribuyendo ninguna de estas cualidades por sobre mis ex compañeros de trabajo) sino quienes interiorizan mejor todo tipo de normas, quienes cumplen con las expectativas de los empleados jerárquicos de la empresa, quienes se ponen la camiseta ante todo. Terminó por ser una experiencia frustrante porque mi idea una vez que egresé del secundario fue poder estudiar y tener a la vez un trabajo estable que me permitiese autosustentarme, y terminé renunciando a poco de empezar a cursar por recibir una rotunda negativa ante la posibilidad de acomodar horarios, y por percibir la intensa falta de interés de los gerentes de contar con empleados que no tuvieran los intereses de la empresa como propios, lo cual es totalmente lógico si lo miro desde su posición; pero en su momento me encontré no queriendo realizar bien mi trabajo (bien en el sentido que se entiende usar la camiseta por sobre todo) y para una primera experiencia es algo que sienta precedentes.
Esto sucede a nivel simbólico, ya que esta imagen de empleado modelo opera como un código de sentido que rige las relaciones al interior de la empresa, y que, en muchos casos es muy diferente a lo que se exterioriza, a lo que se objetiva (los códigos que figuran en los contratos, las normas escritas de convivencia, etc). Ese código es también el que forja los “yo” que desarrollamos al interior del espacio laboral, mediante los que nos relacionamos con los demás empleados, interiorizando aquellas normas que nos conforman en tanto empleados de una misma empresa, (física, mental y socialmente), como propietarios de un mismo lenguaje, una misma forma de manejarnos, etc.
- VER CONTINUACIÓN -
CONTINUACIÓN
AGUSTINA BACCIADONE
Opera también a nivel del Imaginario ya que se pone en juego mi idea del buen trabajador, o el trabajador exitoso, basado obviamente en mi situación sociocultural, en mi habitus, si se me permite utilizar el término. Se quiebra entonces lo que era el objetivo de mi deseo, y se lo confronta con el imaginario que circula en el mundo empresarial, con el fantasma de ser el tipo de empleada que conviene, de la empleada en el que, desde aquel entonces, decidí no convertirme (lo que costó nada menos que un telegrama de renuncia). Tomo la siguiente frase de René Lourau: “Cuando se afirma, en el caso de la institución, que lo imaginario no cumple ninguna función porque hay problemas “reales” que los hombres no llegan a revolver, se olvida entonces, por un lado, que los hombres llegan precisamente a resolver esos problemas reales, en la medida en que los resuelven, sólo porque son capaces de lo imaginario; y por otro lado, que esos problemas reales no pueden ser problemas sino en función de un imaginario central de la época o de la sociedad considerada”. Fue entonces a nivel simbólico que pude percibir lo que generó mi frustración, percibir ese problema real, una vez que acabé por interiorizar los símbolos y normas propios del trabajo; pero fue sólo a través del imaginario que pude comprender y analizar mis prioridades, para luego tomar una decisión, alejándome en este caso de lo que yo contemplaba como el imaginario central de la sociedad.
Adhiero a la consigna 1, Robledo Maria Susana, 16190.
Resulta extraño realizar un tp con parte de nuestra historia, de nuestra bibliografía, de todas maneras considero que es interesante volver un momento hacia cada uno y tratar de ser objetos de nosotxs mismos. Es en este camino de reflexividad, que voy a tratar de responder a la consigna con el recuerdo de mi ingreso como militante del Partido Socialista, en ese momento, tal vez hace ya 10 años o mas, consideraba fundamental el compromiso por parte de la sociedad en la trasformación del mundo, y por venir de una familia altamente politizada, mas bien peronista, entrar al socialismo fue una manera de legitimar mi opinión, contraria a la de mis padres, yo pensaba diferente y busque como argumentarlo, peleaba con el imaginario radical del peronismo encarnado en las largas charlas de sobremesa de los domingos. Por lo tanto mi ingreso al partido fue con una profunda alegría, compromiso y la necesidad, de alguna manera de tener un amparo discursivo en la historia del socialismo como referente revolucionario(yo lo sentía así en ese momento, ese era mi imaginario sobre el socialismo), para dejar explicitas politicamente todas las peleas que se pensaban en mi casa como parte de mi natural rebeldía como adolescente. Se trabatba, creo yo, de debatir con ese imaginario histórico que representa el peronismo, pero mas allá de eso, y mas alla de las típicas discusiones “de linea” entre mis padres y yo, no se dio un enfrentamiento tal cual yo lo esperaba, al contrario, fue grande la alegría de ambos por mi reciente “militancia”, entonces nuestras sobremesas ya no se trataban de una retrospectiva histórica sobre Peron y Evita y demases, sino en el relato, en clave bibliográfica, de lo que significó (y significa) llevar adelante ideas políticas, el compromiso en hacer siempre lo que pensamos que esta bien, y miles de cosas mas... que refuerzan esta idea de ontologia histórica y social con el sentimiento puesto en las formaciones de los imaginarios. Si bien mi historia como militante socialista no terminó de la mejor manera, quise rescatar este fragmento, donde espero quede reflejada la consigna. Saludos!
Joaquín Picón - Mat. 16.806
Consigna 5
Es bastante común escuchar que en estos días vivimos en una sociedad donde
el conocimiento científico ha alcanzado una centralidad tal, que permite
hablar en términos de “sociedad del conocimiento”. La Universidad así,
adquiere una fuerte legitimación social en tanto productora de ese tipo
especifico de conocimiento que es el conocimiento científico. Esta
producción se sustenta sobre la base de una serie de ritualidades y
procedimientos, que determinan la validez del conocimiento así generado.
Además, la idea de autonomía universitaria, amparada en que el desarrollo
del conocimiento no debe someterse a los vaivenes políticos o a los
poderes de turno (lo cual lleva a considerarse un poder permanente),
llevada al extremo contiene la enunciación de una virtual separación
jerárquica de la universidad de la sociedad que la sostiene. Tratando de
forzar un paralelismo entre esta intencionada descripción del mundo
universitario, y lo que (desde fuera) considero que es la estructura de la
iglesia creo que es posible encontrar algún viso de transversalidad. En
primer lugar, esta artificial separación del Homo Académico del mundo
social me parece que lo constituye al menos en el plano discursivo como
una especie de clero profesionalizado. Por otra parte, la base material de
legitimación de este moderno clero es la declamación del monopolio en los
mecanismos de producción y reproducción del conocimiento científico, así
como en la iglesia se desarrolla con la moral, sus manifestaciones se
realizan desde esa posición jerárquica, lo cual constituye en sí misma una
ritualidad de autoafirmación como élite pensante. También, la difusión de
la extensión, como mecanismo práctico para la eliminación de la brecha
entre la Universidad y la Sociedad, amen sugiera la aceptación implícita
de dicho hiato, a su vez promueve practicas de “intervención” en lo
social. La idea misma de intervención implica que dicha práctica se
realiza desde un lugar extra social, casi como un “misionar”. Finalmente,
creo que los mecanismos institucionales de certificaciones y credenciales,
son asimilables a las prácticas endógenas de reproducción del clero con el
objeto de sustentar su legitimidad social en tanto grupo de poder
diferenciado del resto de los mortales.
Consigna N° 1
Garcia Maria Eugenia mat. 17089
El paso por institución esta acompañada de una carga emocional variada y contrapuesta, que genera cierta tensión. Por un lado los “miedos” de participar en un lugar donde, los sistemas de normas y valores, así como los sistemas de pensamiento y acción, ya están configurados. Por otro lado se pone en juego el deseo de pertenecer, sentimiento que denota cierta satisfacción, resultado de la incorporación de esos sistemas que ya estaban previamente definidos. En mi caso personal recuerdo que cuando terminé el secundario, tuve la posibilidad de elegir estudiar una carrera universitaria, y no sólo eso, sino también una ciudad para vivir. Simbólicamente la elección de una carrera significa cierta proyección, ya que implica decidir sobre el sector laboral en el que nos desempeñaremos en el futuro. Los fantasmas que aparecen son la posibilidad de fracaso, la mala elección de la carrera. Por el hecho de ser de un pueblo la elección de una carrera es considerada un mito fundante de algo llamado “vida adulta”, si se me permite el término. No se trata solo de la elección de la vocación, sino asumir responsabilidades y decisiones que antes estaban relegadas a otras personas (padres, tutores, o algún otro significante encargado de las estrategias del hogar). En mi caso personal el ingreso a la universidad significó la incorporación de un sistema cultural –la ciudad- diferente al propio de origen, que incidió directamente en una nueva forma de socialización y en la posibilidad de establecer nuevos vínculos sociales. Como dice Enriquez (200: 91) …“la función del fantasma es seguir siendo lo que no debe realizarse y proporcionar los fundamentos y elementos creativos necesarios para la reflexión y la voluntad transformadora. Imaginarios también en tanto la institución le garantiza su capacidad de protegerlos de la posibilidad de vacilación de su identidad… ”
Pilar Bonnet
Mat: 17318
Punto 2:
Recuerdo algo que me sucedió en el primer año de la carrera, en el primer parcial que tuve me saque un cuatro siendo que había estudiado muchísimo, sentí que fue angustiante y frustrante para mi. Es que además de haberme dado cuenta de que mi modo de estudio no era el adecuado (se veía en los resultados) venia del año anterior del colegio, donde siempre había tenido buenas notas; además de que la mayoría de mis compañeros habían tenido notas muy altas y sumado a todo esto, al no sacarme seis o más no podía promocionar la materia.
La institución constituye al sujeto, el lazo social adquiere sentido a través de las instituciones. La misma se ubica en el lugar del exceso, es un vínculo imaginario de lo que significa ser hombre y son ellas las que nos hacen ser más humanos. Hace posible identidades, es algo vivencial que nos angustia y nos da sentido de indispensabilidad. Existen tres divisiones en la institución: la objetiva, organizacional que es la base material, donde se encuentran las normas; la simbólica que tiene un código de sentido que ordena, da los insumos para desarrollar personalidades (permite que nos entendamos); y la imaginaria que nos da un sentido que es un residuo o un exceso, éste último hace relacionarnos con lo que aún no somos (lo otro de nosotros mismos), la institución es un pedazo de lo que siempre deseamos por eso el imaginario. Aquí en lo imaginario se encuentra el “fantasma” que le da sentido a la misma institución con una forma de coacción, el fantasma representa el deseo y solo esta allí para señalar aquello que no puede presentarse. Se hace efectivo en tanto distorsión, solo asumiendo de manera inestable figuras arbitrarias.
Relaciono esto que me ocurrió con el nivel simbólico e imaginario del análisis de lo institucional. Con el simbólico en tanto interiorización de códigos de sentido, la institución (la universidad) me había pautado a mi el sacarme un seis de nota para promocionar, cosa que yo no había podido cumplir por haber estudiado de manera incorrecta. Y por otro lado en lo imaginario se encuentra esa angustia, esos mecanismos de defensa y esas proyecciones, haciéndome pensar en que no iba a llegar a ningún lado estudiando de esa manera y que tenía que modificar mis modos de estudio para lograr más nota (para lograr mi objetivo de algún día recibirme).
Carolina Tavano MA 17355
Consigna N°2.
Una de las experiencias más frustrantes/angustiantes que viví como miembro de una agrupación política, hace algunos años, fue la participación en una fuerte discusión con mis compañeros, que se extendió por varios días, donde se debatió la continuidad en una estructura más amplia, o la separación y autonomía reducida al ámbito local. La frustración fue el resultado de un largo debate, donde mi postura era la minoritaria, y el resto del grupo no se prestaba a la negociación o al consenso, conservando la postura desde el primer momento. Lo angustiante fue no solamente el resultado, sino notar que la discusión había operado como disparador de otras diferencias, que derivarían tarde o temprano en la disolución/fragmentación del grupo.
Siguiendo a Enriquez, que intenta captar la dimensión imaginaria de las instituciones a partir del “trabajo”, la “fantasmática” de la muerte, es posible entender a esta situación que relato como un intento de escapar a la muerte de dicha institución (o la precipitación a la “muerte” al mismo tiempo), buscando una plenitud ausente. El imaginario de este grupo político, se vería consagrado a la realización y el deber. La búsqueda de éxito, productividad en el trabajo militante, que permitía que los integrantes proyectaran sus imaginarios y deseos sobre la institución (en este caso la agrupación política), se comenzó a ver amenazada por el fantasma de la desintegración, cuando la institución comenzó a perder la capacidad de unir y confraternizar.
La discusión política operó de forma tal en los participantes, que nos hizo pensar a algunos que ya no podíamos construir un proyecto común con otras personas, donde la relación que primaba era de competencia más que de solidaridad, y los intereses si no eran contrapuestos, eran al menos muy diferentes , en lo que respectaba además a nuestras expectativas y deseos sobre la institución común. Lo que ocurrió finalmente, puede explicarse a través de esta frase extraída del texto de apoyo del blog: “cuando lo que se pierde es el lazo con el otro, el sujeto arrasa al sentido y se precipita en la muerte por desamor y sinsentido. “
Milagros Dolabani
Lo más gozoso, feliz o satisfactorio en tanto miembro de una institución durante mi adultez, fue cuando, tras estudiar días y días, obtuve una calificación de diez en el primer examen de mi vida universitaria. Lo recuerdo como lo más feliz por el desafío que implicaba entrar en la Universidad para una estudiante recién egresada del Bachiller para la que la Universidad le figuraba como una Institución gigantesca y casi inaccesible. Este recuerdo a mi entender se asocia con el nivel de análisis simbólico de lo institucional, pero también con el imaginario.
En el nivel simbólico mi experiencia refiere al sentido compartido que instaura este nivel, relativo a la necesidad de aprobación académica, dado que un primer parcial es muchas veces entendido (al menos en mi caso por aquel entonces) como “termómetro” de las aptitudes académicas y de lo que debería esperarse de las evaluaciones. Siguiendo a Enriquez y su trabajo de la muerte en las instituciones, este primer parcial podría tomarse como un rito de iniciación y de logro, necesario en el nivel simbólico de toda institución para “sedimentar la acción de los miembros de la institución, servirles como sistema de legitimación, dando así sentido a sus prácticas y a su vida”.
Por otro lado, en el nivel imaginario aprobar un primer parcial podría asociarse con el cometido de la institución de atrapar a los sujetos en la trampa de sus propios deseos de afirmación narcisista; al mismo tiempo que aleja al fantasma que todo estudiante tiene al ingresar a la universidad: el fantasma del fracaso y por ende, de la ineptitud en lo que a la aprehensión de contenidos refiere. Dicho fantasma representa en este caso el temor a ser expulsado de la Institución como castigo por fracasar en las pruebas que la misma demanda para seguir permaneciendo, es decir, aquello que no debe realizarse si se quiere seguir en su seno.
Ivana Ratto
Consigna Nº1
En el año 2004 ingresé a una carrera de la facultad de Humanidades de esta misma casa de estudios. Era muy joven y tenía miedo de cuestiones que cualquiera consideraría normales a esa edad, como conocer gente, obtener buenas calificaciones, y sentirme satisfecha con lo que había elegido, ya que tenía muchos intereses pero no así expectativas definidas. La angustía que sentí el primer día de cursadas es que no encontraba las aulas donde debía asistir, ya que donde cursé mi primera carrera –el complejo universitario- tiene niveles y pisos señalados de tal manera que son confusos y la sensación de torpeza era recurrente en mí. La sensación que tenía es que siempre llegaba tarde a todas las clases, o que las informaciones importantes no llegaban a mí (como por ejemplo lo qué es una materia promocional, o qué requisitos se necesitan para pedir una beca, por nombrar sólo algunos). De esta manera, inconscientemente empecé a sentirme muy incómoda con la carrera que había elegido y a opacarme frente a semejante desconcierto. Las clases no me seducían como pensaba que iban a hacerlo, la gente me aburría un poco, y mi rendimiento tampoco me conformaba. De la institución creo que lo que me desilusionaba realmente era la idea que -quien escribe- tenía instalada sobre lo que debería ser la Universidad. Pero ¿de donde venía esa idea? ¿Quién la alimentaba? ¿Por qué estaba tan instalada en mi al punto de sentirla naturalizada? Y es aquí donde considero que la idea de imaginario posee una fuerza explicativa interesante.
Al ensayar una respuesta rudimentaria considerando sólo una arista puede pensarse que al provenir de una escuela donde concurrían alumnos con rendimientos escolares bajos, un “estigma” en términos de Goffman, los profesores alentaban un “imaginario” de una universidad muy lejana a la realidad de los jóvenes de clase media baja que concurríamos a una escuela céntrica en el escenario post 2001 (aunque yo no me siento cómoda con ninguna clasificación porque quien escribe es un caleidoscopio de orígenes sociales si me permiten la expresión, pero trato de ensayar una reflexión controversial con un tono provocativo al asunto planteado). En ese sentido, el imaginario que circula sobre la institución Universidad es muy definido y se encuentra instituido hace muchas décadas en nuestros país, como señala Castoriadis lo imaginario se separa de lo real entonces tiene un contenido simbólico cuasisagrado. Por otra parte, con respecto al fantasma me parece que en cierto sentido también continuar en la carrera y vencer los obstáculos que parecieran que se despliegan para los jóvenes que salen de la secundaria, y se incorporan a otro ritmo, siempre está presente. Estamos hablando del año 2004, que no había tanta charla de ingresantes ni camaradería de chicos que militan, sino otro panorama que configuraba otro tipo de institución universitaria, y otros tipos de vínculos sociales entre el estudiantado.
Por último me parece sumamente interesante la figura del fantasma porque está presente sobre todo en los primeros tiempos de la vida universitaria, en los exámenes finales orales, donde se experimentan momentos de tensión y de emociones fuertes, es decir metafóricamente sobrevuela de manera inasible en la institución.
TP N° 2
Zuviarrain, Eleonora MT 17132
Consigna n° 2
Lo más frustrante que me ocurrió como parte de una institución fue el primer cuatrimestre de esta carrera. Yo venia de una buena preparación, en una escuela renombrada de Mar del Plata por ser parte ya de la comunidad universitaria, en donde nos grabaron en la cabeza año tras año que lo mejor que podíamos hacer al salir de la escuela era una carrera universitaria, y que por eso mismo ellos nos preparaban para poder adaptarnos a ese lugar, siempre remarcando que “en la universidad las cosas son así o asa”. Yo empecé creyendo que me iba a hallar en ese lugar, pensando que no podía ser tan difícil la transición de un lugar a otro, que no iba a ser tan diferente, que se iban a poner a prueba todas las habilidades que había adquirido a lo largo de los últimos años, algo que me agradaba. Pero cuando arranco el año, cuando aparecieron cantidades enormes para mí de textos para leer, muchos de una complejidad para mi altísima, la frustración y la angustia se hallaron en mí y se hicieron carne. Todo lo que había aprendido me sirvió de poco y nada, cada vez que intentaba estudiar, me angustiaba por que por mas que vaya a todas las clases, prestara la máxima atención y tomara la mayor cantidad de apuntes, leyera todos los textos, y los textos de apoyo que explicaban los primeros, mi comprensión de los temas a estudiar era mínima, siempre me quedaba la sensación de no haber terminado de entender, lo que se reflejo en las notas de los parciales, con un desastroso DOS en el primer parcial de Introducción a la Sociología.
El imaginario que yo tenia de lo que debía ser como estudiante de la universidad, que lo había formado gracias a la imagen que mis profesores universitarios me habían proyectado, gracias a la demanda propia del sector socioeconómico al que pertenezco y la historia familiar de la que provenía, era completamente diferente a lo que yo era en la realidad. Mi angustia aumentaba cuando relacionaba mi fracaso como estudiante con una alta probabilidad de fracaso como profesional, donde mis aspiraciones se ubicaban en la investigación, en la búsqueda de respuestas y soluciones frente a los problemas de la sociedad, problemas a los que mi propia familia afectaba. Vivía en un idilio adolescente donde tenía una visión totalmente distorsionada de la profesión, una especie de “superman” sociólogo, por lo que me atormentaba terminar trabajando el resto de mi vida para alguna institución privada de intereses burgueses.
No solo se relaciona esta experiencia a nivel simbólico, por el hecho de no haber cumplido con las pautas de evaluación, de no haber aprobado el examen, o también trabajos prácticos, lo que me hubiera echo parte de la institución, hubiera forjado el lazo que nos uniría, tanto con ella como con mis compañeros. En lo imaginario también se puede ubicar esta experiencia, ya que mi deseo de eficacia y de éxito se ve roto, y el fantasma de lo que debería haber sido, el fracaso que encarna en mi, se hace presencia, coaccionándome, y por ende, provocándome altas dosis de angustia y frustración, las cuales se fueron apaciguando y progresivamente fueron desapareciendo a medida de que pude encauzar mis deseos ajustándolos a la realidad, abandonando así la idealización que había formado.
TP2 - Consigna 5
Cristian Tibaldi - m 16230
La Universidad, como cualquier institución, es una construcción histórica. Si en sus orígenes nació en el seno de la Iglesia, de ella obtuvo gran parte de sus términos: seminarios, claustros, la misma estructura de la transmisión del conocimiento impartida por un sujeto que “profesa” (el profesor), y, fundamentalmente, un aparato burocrático especializado y a la vez diversificado, con reglas y procedimientos estandarizados.Tiene algo de cárcel, algo de familia y mucho de empresa. Este rasgo es el predominante en las últimas décadas. El transito de la sociedad virreinal a la industrial produjo una gran transformación institucional y la Universidad fue el foco de desarrollo de una clase político-científica que desplazó el régimen monástico y secularizó el mismo aparato creado por la Iglesia, manteniendo algunos aspectos intactos y transformando otros. La institución democrático-republicana y la lucha de los sectores marginados de la Universidad introdujo el cogobierno, la participación estudiantil y el régimen de concursos, pero esos mismas conquistas sociales se volvieron herramientas para el atravesamieto del mercado en su estructura.
La proliferación de posgrados, pasantías, transferencia de tecnología, consultorías y demás, nos muestran una universidad con perspectiva de empresa y que a la vez (por boca de varios funcionarios pero por sobre todo de los claustros dominantes) intenta conservar ciertos valores ligados a la comunidad, que como vimos antes se vuelve también un hogar para quien la habita, siempre y cuando no intente alterar lo instituido.
Creo que la Universidad ha logrado que lo instituido sobredetermine los posibles instituyentes, que merme seriamente el margen de posibles imaginables para su propia transformación. En esto se podría comparar con los sindicatos, nacidos para que el proletariado se organice contra el capital pero que hoy (al menos en los más grandes) se vuelven más un dispositivo de disciplinamiento asociado con la fábrica que un instrumento de liberación.
En la Universidad pasa lo mismo: los órganos de cogobierno, constreñidos por la dimensión organizacional (la instrumental-burocrática), se han vuelto meros reproductores sin crítica del sistema instituido, y sus funcionamiento se agota y restringe a esa reproducción. Fuente de esto es la ventaja relativa respecto de otras instituciones, recostada sobre el imaginario social que ve a la Universidad como un institución neutra, casi altruista y dedicada a la mera producción de conocimiento, de la misma manera que se ve, para dar un ejemplo, al poder judicial como fuente de Justicia e independiente del resto de los poderes.
Consigna 2. Martina Castro
Intentaré referir en este comentario la angustiante y de a ratos gratificante experiencia que me atravesó en mi paso por la institución que encarna la escuela secundaria para adultos, en mi rol de docente principiante. En principio, las normas que establecía el programa al cual adscribí (FIN ES 2) en calidad de profesora de Lengua y Literatura para alumnos adultos del primer año del nivel secundario, se encontraron indefinidas y/o difusas desde el comienzo. El llamado a cubrir el cargo vacante casi superpuesto con el inicio de mi actividad frente al curso, redujo drásticamente el tiempo de preparación material para afrontar la tarea, aumentando los sentimientos de ansiedad de manera exponencial. La dimensión objetiva de la institución en cuestión, desfiguraba su fuerza organizativa y al mismo establecía en mí, un imaginario acuciante cargado de angustias basadas en mi inexperiencia y la ausencia total de indicaciones, o planificaciones de ningún tipo por parte de las autoridades del proyecto educativo.
Desde la dimensión simbólica, las cosas parecían más claras. Mi rol de docente se conjugaba directamente con el de los asistentes en calidad de alumnos. Las normas de convivencia dentro de la escuela eran conocidas por todos, y teniendo en cuenta que el inicio de la secundaria presupone una educación previa de no menos de seis años anteriores, todos sabrían cuáles eran los códigos que nos regirían durante el próximo semestre.
Mi llegada al curso intentó romper con la estructura normativa clásica y asimétrica en la relación profesor-alumno y con este objetivo realicé una breve introducción respecto de lo que esperaba fuera una instancia de aprendizaje con la modalidad de taller, separándome de la clase tradicional más teórica. Esto fue sin duda lo que produjo la ruptura en el nivel de lo simbólico para los alumnos, sobre todo los más jóvenes. Aquello para lo que se habían preparado, era ahora otra cosa. La introyeccion de normas rígidas de conducta se veía desarmada por mi propuesta de trabajo más desestructurada. Esto produjo una exaltación en el aula que se tornó por momentos inmanejable, llevando mi frustración a niveles elevados. Retomé como pude aquellas normas que había desdeñado, y sin ser eso que había intentado combatir, dicté una consigna que consistía en escribir una breve autobiografía para además de conocernos, evaluar su nivel de lecto-escritura. Con la intención de potenciar las capacidades creativas de los estudiantes y conocer sus metas, pedí además que expresaran sus expectativas con respecto al curso y lo que recibí me mostró una variedad de deseos condensados en esa institución que me resultó sorprendente. La vuelta a la escuela y su permanencia en ella por los siguientes tres años, fue significada de las más variadas maneras por intermedio de los imaginarios individuales. Adquirió fines socializadores, educacionales, económicos y hasta amorosos de acuerdo al caso. Lo más sorprendente fue la configuración que durante la clase fuimos construyendo entre todos por una parte, y de manera individual por otra. Lo que esa institución nos tenía preparado se reconfiguró son lo que nosotros mismos le imprimiríamos con el tiempo. La institución nos constituiría a todos al final del semestre marcando nuestras subjetividades de un modo nuevo al mismo tiempo que nosotros en nuestras vivencias, deseos y experiencias instituiríamos el modo en que esa institución nos atravesaría.
Mariano Malvica mat 16,127
Consigna N2.
Una situación angustiante que me toco atravesar en tanto miembro de una institución, fue la vivida durante varios meses del 2007, cuando comencé a cursar la carrera de sociología en la UNMDP. Más allá de haber sido un momento importante y gratificante en mi vida el hecho de poder a cursar una carrera que elegí, no todas fueron buenas. Como muchos de nosotros sabemos, la carrera de sociología se re-abrió en el 2007 y no fueron para nada fáciles los comienzos de las cursadas, la cuestión edilicia y la designación de los docentes, entre otras cosas. Debido a la frágil situación de la carrera, muchísimos estudiantes empezamos a concurrir a consejos académicos y a interiorizarnos sobre cuestiones legales y burocráticas de una institución (como lo es la Universidad Pública) a la que nunca había pertenecido.
La sensación de formar parte de una institución que tiene su universo de valores, sus propias normas (tan alejadas a las que traía desde un colegio de carácter privado y católico) y sus sistemas de referencias que organizan - en palabras de Enríquez - la vida física, mental y social de los individuos miembros de ella, me atraía pero a la vez me hacía sentir que no captaba del todo el universo que implicaba la institución Universidad. La parte traumática de mi ingreso a la carrera de sociología lo puedo relacionar con el aspecto simbólico. Es a través de los símbolos (lenguaje) y sus significados que los individuos pueden generar un vínculo entre ellos. Al ser novato dentro del sistema universitario, había muchas palabras y expresiones que no comprendía, teniendo la sensación de estar hablando un idioma muy distinto al de muchos compañeros y militantes universitarios (no está de más aclarar que en ese entonces muchísimos compañeros de la carrera eran personas que ya habían cursado otras carreras y hasta algunos poseían ya un título universitario).
No hubo desde el comienzo una apropiación personal de los valores y normas que circulaban dentro de la institución. A través de un proceso largo- que aún no termino - fui aprendiendo y nutriéndome de una cultura de acción que me permite transitar la institución e ir develando algunos de los mecanismos de poder que la atraviesan, como también cómo proceder burocráticamente ante determinadas situaciones.
Malvica
Así lo simbólico, a través de la existencia de contratos, OCAS, reglamentos y formalismos que rigen dentro de la universidad -y que la vuelven un sistema cerrado donde se reproducen ciertas conductas, procedimientos y convenciones - se me presentaba como una novedad con una lógica totalmente diferente a lo vivido en cualquier otra institución y que me costó mucho tiempo familiarizarme con ella. Es desde lo simbólico que puedo analizar lo perdido que me sentía cuando se nombraban artículos y ciertos reglamentos, los cuales de una manera u otra regulan el funcionamiento de la Universidad, haciendo posible su funcionamiento regulado y también el intercambio entre el claustro estudiantil, docente y no docente: es decir todos los individuos que formamos parte directamente de dicha institución.
Así la Universidad, por mucho vista como un lugar donde solo se estudia para conseguir un título y una futura profesión, puede ser considerada en tanto institución, en tanto sistema cultural, simbólico e imaginario. Puede ser pensada como un conjunto englobante, que aspira a imprimir su sello distintivo en el cuerpo, pensamiento y psiquis de cada miembro (en este caso de quien escribe).
Por último, me gustaría compartir algo que siento y que creo que viene acorde a las consignas. Pienso que algo que tenemos en común muchos de los compañeros de esa camada del 2007-2008 es que esa situación de irregularidades en la carrera ayudo a crear cierto mito fundacional o historia que ocupa un lugar en la memoria colectiva de buena parte de los estudiantes de la carrera (sobre todos de los primero ingresantes de la carrera). Donde esa situación que comenzó siendo de lucha estudiantil - hasta en cierto punto angustiante en mi caso - dio y sigue dando sentido a un grupo de estudiantes para seguir interviniendo en la construcción de la carrera de sociología: mostrando que con la participación de los estudiantes y la lucha se puede construir una carrera.Esta experiencia, como muchas que siguieron y siguen ocurriendo dan sentido a ciertas “practicas militantes, en las cuales (en 2007/08) nos reconocimos como un grupo de estudiantes con objetivos, intereses y propuestas para la carrera. Así, con la lucha y la intervención de los estudiantes de la carrera se fue consolidando una “armazón cultural” propia de esa cultura universitaria.
Marcelo Moschella
Consigna 1
Según dicen la institución precede al individuo singular y lo introduce en la subjetividad, a través de la pertenencia que construye al sujeto y lo afirma en la red social. Cuando ingrese en la “institución universitaria”, experimente distintas sensaciones. En primer lugar, como una especie de desafío, porque estaba eligiendo una carrera que fue cerrada por la dictadura (ya que era considerada una “cueva de zurdos”). En segundo lugar, mucha emoción, porque significaba recuperar un espacio y un tiempo propio, para desarrollar una deuda u objetivo pendiente, en tercer lugar, mucho nerviosismo, por el miedo a lo desconocido cuando te vas a enfrentar con algo nuevo y por ultimo, angustia por no saber si te vas a encontras a la altura de las circunstancias, en lo intelectual, etc.
Lo que me generaba esas sensaciones , tiene que ver con el llamado fantasma inconsciente del individuo ( que para Freud es el Súper-Yo , es decir la conciencia moral o lo destinado a reprimir) y para Cornelius Castoriadis , el fantasma , es lo que constituye al sujeto en su singularidad , es su esquema organizativo , que se imagina y que existe , es su presentificacion imaginaria en su significación encarnada y operante , un esbozo de gesto y de percepción , un estructurante-estructurado.
era también el desconocimiento del funcionamiento de la institución universitaria. Esto seria, lo que Cornelius Castoriadis llama el Imaginario Social Instituido o Efectivo y que según este autor, son las significaciones que consolidan lo establecido, las que además operan como organizadores de sentido y definen lo licito , lo ilícito , lo permitido , lo prohibido , lo feo , lo bello , lo que esta bien y lo que esta mal , lo correcto y lo incorrecto. Es lo que mantiene unido a ese colectivo y hace posible su continuidad y cohesión, ya que operan por insistencia y repetición. Estas serian las normas, el estatuto y el reglamento, la cosa establecida. Una no tiene ni idea de que se trata cuando ingresa, pero como todo, se lo va aprendiendo sobre la marcha y ese temor se pierde.
Moschella 2
La institución universitaria, es un sistema simbólico sancionado, que consiste en ligar a símbolos, unos significados, representaciones, ordenes, conminaciones o incitaciones a hacer o no hacer, unas consecuencias y en hacerlos valer como tales, por ejemplo el titulo que otorga. Esos símbolos no están sometidos al” contenido”, que se supone que vehiculizan, porque pertenecen a estructuras ideales que le son propias y se insertan en relaciones casi racionales, como el desplazamiento y la condensación, según Freud y la metáfora y la metonimia, según Lacan.
No se puede comprender un colectivo, grupo o institución sin un factor unificante que proporcione significado y lo teja con las estructuras simbólicas. Construye sus relaciones y sus formas de contrato como capacidad de invención colectiva histórico-social para entender al mundo y otorgarle sentido.
Cuando una institución genera frustración, se produce una tensión entre lo singular y lo social y este estado de cosas produce creación y transformación. Esto seria el Imaginario Social Radical o Instituyente, que permite la irrupción de nuevos organizadores de sentido o sea la capacidad de crear, inventar, cambiar o transformar. Es decir que orientan y condicionan el hacer para alterarlo, es una operación crítica de la realidad. Son las “conductas efervescentes o revolucionarias”, según Gurvich.
Toschi, Gisela
Mat:16814
3) Intente recordar qué es lo más gozoso, feliz o satisfactorio que le ocurrió en tanto miembro de una institución de cualquier tipo como adulto. Quédese con lo que primero le viene a la mente, no trate de racionalizarlo. ¿Con qué nivel de análisis de lo institucional lo asocia: con lo organizacional, con lo simbólico, con lo imaginario?
Creo que fue el ingreso a la carrera de sociología, en el 2007, cuando todos los estudiantes estábamos en el aula magi del complejo universitario en el cual debatían, unos cinco seis estudiantes, a todos los que veníamos por primera vez a cursar sociología: la urgencia que tenia nuestra incorporación a protestas y luchas por que dicha carrera abriera, comenzara y se desarrollara del mejor modo posible. Recuerdo que pensé con asombro y entusiasmo: esto es la universidad.
Como un lugar de debate y espacio reflexivo, donde un estudiante frente a todos nos decía, ustedes los jóvenes tienen que levantarse, no solo los mayores que recién ingresan. Me impacto lo que decían: yo antes en ningún secundario había tenido centro de estudiantes ni cosa por estilo, luego se desencadenaron movilizaciones, una sentada y hasta un viaje donde todos los estudiantes asistíamos en periodos sucesivos. Ese primer día fue impactante, no sabía que los estudiantes tenían derechos, que luchaban, que se movilizaran y asumieran posturas responsables con respecto a la institución hasta ese día, en el que conocí el complejo y parte de la palabra militante.
Esta cuestión de impacto y de asombro, que felizmente recuerdo, se relaciona con lo imaginario de la institución, como una cita demuestra:
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