lunes, 7 de mayo de 2012

Devolución TP 2

DEVOLUCION TP 2 Muy buenas las contribuciones que me hicieron pensar varias de ellas haciendo extender la devolución. Espero no sea muy pesada. Aclaro que en ningún caso se trata de críticas, sino de comentarios a un ejercicio que como anticipé es de sensibilización. En breve cuelgo las consignas de la Unidad 3, Saludos. Me gustaría empezar por el primero colgado. Hay una pregunta fantasmagórica de alguien anónimo que evita el TP y lo reemplaza por una pregunta al profesor. ¿Cuál es el fantasma que está detrás de esta evasiva a pensar en instituciones y los goces y angustias que nos traen a la cabeza? ¿Pasar por tonto e ignorante? ¿Hacer pasar al profesor o los autores vistos como delirantes? ¿Sentirse omnipotente al no dar lugar a las emociones que suscitan las instituciones?. ¿Victimizarse como “demasiado dificil” para mí? ¿Lo escueto de los 5 renglones es mostrar la pérdida de tiempo en cosas que no sirven?. Detrás del no cumplimiento de la consigna hay también un fantasma dando vuelta. Igual respondo la pregunta: como el fantasma no puede simbolizarse, no es equivalenta nunca a algo, sino que algo está en el lugar del fantasma sin serlo (por eso fantasma), el Dios mosaico, el Logos griego, o cualquier otra cosa puede ser leído como algo que está en lugar de la “falta” y del “exceso”. El fantasma es siempre puramente indicativo, nunca referencial. Siempre es otra cosa que lo que lleva a indicarlo. El fantasma es la forma de hacer presente una ausencia simbólica. El cine de terror intenta justamente dar una respuesta cosificada al fantasma: la falta/exceso se corporiza en la realidad lo que deja a la realidad vacía de sentido orginando el “efecto horroroso”. Según Zizek analizando el cine de Hitchcok el terror se produce cuando el vacío deja de ser una ausencia que motoriza y se convierte en presencia que paraliza. Se pueden ver ejemplos excelente en varios de los posts. Recomiendo a los que todavía tienen miedo de los fantasmas el texto de Zizek “Mirando al Sesgo. Una introducción a Jacques Lacan a través de la cultura popular, ed. Paidos, 2000” 1) Azucena trae el recuerdo de ingreso como militante del Partido Socialista siendo adolescente y las implicancias familiares, dado que sus padres eran de otra tradición político ideológica. De nuevo se produce un desplazamiento: lo que promete ser un ejemplo sobre un partido político se convierte en un ejemplo sobre la institución familiar y sus atravesamientos por la política. En este punto es importante la cuestión del “imaginario militante” que los padres comparten con su hija más allá de las diferencias. ¿Qué fantasma puede atisbarse detrás de esta celebración y alta valoración simbólica de la militancia? 2) Xavier Sánchez Reales hace una excelente lectura del “ethos” laboral de una empresa basado en un mito emulador de los fundadores. El ejemplo es importante por algo metodológicamente esencial: el imaginario, la fantasmática emerge al análisis más fácilmente a través de situaciones conflictivas y antagonismos. Los “desviados” de las instituciones son aquellos que interpelan de manera más directa al fantasma y el imaginario. Es para discutir cuál es el marco simbólico discursivo que le dan los gerentes o la empresa a una política tan brutal y arbitraria. Agustina Badaccione va por el mismo carril: las empresas y los marcos simbólicos e imaginarios en que se insertan sus empleados. El dilema personal de estudiar/trabajar se convierte también en una disyuntiva laboral por el rechazo de los jerárquicos en contar con empleados – universitarios. Más allá de la atinadísima referencia al “empleado modelo” y a la recompensa a la obediencia más que a la capacidad, es interesante profundizar en el imaginario de los jerárquicos: ¿no hay miedo a la “inteligencia” o a “la cultura”, o a la “experiencia estudiantil” siempre asociada a la rebelión?. Las empresas (“sus cuadros directivos”) suelen rechazar aquellos que ponen evidencia sus fallas y premiar a las que las encubren y la inteligencia y la capacidad suelen asociarse con la lucidez ante los problemas. Mariano Malvica apunta la experiencia personal de su proceso de “integración simbólica” a la vida universitaria de la Universidad pública en general y de la vida convulsionada de la reabierta carrera de sociología en particular. El análisis es exacto: la simbología, reglamentos, lenguajes o jergas corresponden al nivel simbólico. También es certero que la universidad pública a través de institutos como el cogobierno y la autonomía se coloca en la posición de institución fuertemente moldeadora de subjetividad, sobre todo para aquellos que participan activamente de la vida política universitaria. Maria Eugenia Garcia está en este mismo tópico: la integración simbólica desde los mitos de la vida adulta en un pueblo. Me quedé con ganas de ver algún detalle más preciso del choque entre ambos universos simbólicos y del imaginario o los fantasmas que subyacen en las ideas sobre la vida adulta. Carolina Tavano aborda de manera directa un grupo militante en la universidad y ve sagazmente en las luchas internas por el dominio simbólico, con sus saga de discusiones y diferencias, correspondencia con el trabajo de la muerte de Enriquez. Es propio de la política unversitaria el privilegio a la “verdad” y someter la política a un régimen de verdad y razón. Curiosamente el fantasma de la desintegración se actualiza a través de las discusiones por una razón que unifique. Pilar Bonnet también alude al choque con los códigos de la universidad a través de la frustración por su primera y magra nota de un parcial, que la lleva a abandonar su “método de estudio inadecuado” traído del secundario. ¿Pero que hay detrás del miedo a la frustración de la mala nota?. ¿Qué fantasma se agita detrás de la transcripción que hace de frases mías?. ¿Hay un imaginario de que el éxito se logra emulando a los poderosos? ¿El cambio de metodología de estudio es para eso: emular a los profesores, repetir lo que dicen, repetir los textos, acoplarse como eco de una voz que no es propia, acallar la propia voz? ¿No hay un fantasma de fusión tranquilizadora con el discurso dominante? Milagros Dolabani pone un contraejemplo respecto de Pilar: se saca 10 en el primer examen, lo que lleva a relacionarlo con los mecanismos de captación y de trampa narcisista que las instituciones ponen en juego para conjurar el fantasma de la desintegración. Ivana Rato remite a la angustia que sintió el primer día de cursadas: “no encontraba las aulas donde debía asistir”. Es excelente el ejemplo como detonante de los fantasmas que rondaban su elección de carrera y las frustraciones conexas. El “sentido de incomodidad” y sobre todo la desilusión de un ideal de universidad distante que había sido inculcado por los profesores del secundario. Eleonora Zuviarrain muestra el choque que produce el fracaso académico a través de las bajas notas y la sensación de “no entender” los textos. Es muy vívido el ejemplo de la propia experiencia de frustración que se atribuye a una “idealización” inicial de la carrera, la profesión sociológica, etc. El peso del imaginario de izquierda como “conciencia” da lugar al papel de la universidad como un monopolio simbólico de la verdad de la sociedad, heredera de la Iglesia. Los textos son investidos de un “exceso” imaginario: develan el secreto de lo social, son una epifanía. El no entenderlos es también una forma de “idealizar” y mantener esta “sacralidad”. Martina Castro expone de manera elocuente la frustración inicial de un comienzo de experiencia docente y las potencialidades instituyentes que anidan en el trabajo grupal. El hecho de que la institución no haya brindado un cuadro simbólico preciso fue vivido como amenaza, pero luego la amenaza pasó a ser el grupo inmanejable, y por último la condensación de deseos permite nuevas formas de subjetivar la experiencia escolar. Marcela Moschella intenta dar cuenta también de los temores iniciales pero me parece que el ejemplo se diluye un poco en las referencias teóricas. De cualquier manera aporta algo muy importante que no tuvo espacios en otros ejemplos semejantes: la carrera de sociología como “cueva de zurdos”, y el fantasma de la represión, de la violencia. Me hubiese gustado algo más respecto esto. 3) Galera, Karina El paso por la clínica para un nacimiento que usualmente tiene una internación de 48/72 hs. no sé si acredita la membrecía a la institución a menos que a tu hijo le hayas puesto Cristóbal en homenaje, ja ja. Es claro que un nacimiento tiene una enorme significación emocional individual y familiar y es efectivamente sagaz al afirmación que es un acontecimiento codificado como “feliz” al menos en las clases medias típicas. Pero es demasiado escueto el ejemplo y no se aclara qué hizo la institución para abonar el ejemplo, tengo que suponer una atención excelente, calidez humana y calidad médica como en las propagandas de prepagas, pero ¿recordás el nombre de las enfermeras?. ¿No hubo problemas de facturación de servicios, tramiterío, etc.? La elección también habla indirectamente de otras instituciones por las que seguramente pasaste mucho más tiempo (escuelas, etc.). También se puede considerar que es la institución encubierta en el ejemplo es “el matrimonio” o “la familia”. El aporte de Estefanía Martynowskyj al tema de la maternidad es interesante porque muestra un poco “el lado oculto”, la falta de plenitud de algo que es simbolizado como la cúspide de la “plenitud”. Es también interesante el hecho de que Estefanía menciona el “mantenerse unidos y fortalecer la pareja” a través de un nacimiento a lo que luego agrega, la casa propia, las vacaciones juntos, etc. ¿No puede leerse detrás de este mito de la maternidad el arquetípico fantasma de la disgregación, de la disolución? El recuerdo de Yolanda Herren de la alumna adulta analfabeta que se lo ocultaba a los hijos, no es un fantasma propio pero es excelente ejemplo del sentido analítico del “fantasma”, el plus fantasmático, el papel de lo imaginario. Ahora es más aventurada la lectura de que se encarnaba en el “miedo al rechazo” de sus hijos o la fantasía (distinto de fantasma) de ayudarlos con los deberes. Son lecturas posibles pero puede haber otras: “vergüenza no por los hijos sino por los compañeritos de sus hijos y otras madres de la escuela”, “miedo a perder autoridad y ser inferiorizada”, etc. Tanto la castración simbólica que anida en el analfabetismo como el miedo a la descomposición familiar son alternativas posibles. Gisela Toschi muestra el comienzo en la vida universitaria con un cariz no visto en otros ejemplos de ese momento: la irrupción del militante y al épica de la construcción de la carrera después de su reapertura. Estos tipos de “estados nacientes” son propicios para la idealización y la ilusión de una “construcción colectiva”, el fantasma de fusión que es el trasfondo de la confraternidad en Enriquez. 5) Joaquín Picón toma el núcleo simbólico de la autonomía universitaria y al estilo Bourdieu encuentra la herencia eclesial. Es muy perspicaz el tratamiento de la extensión universitaria como práctica que se realiza desde un lugar extra social, casi como un “misionar”, fijando aún más el hiato entre universidad y sociedad. El imaginario “histórico” “atávico” de la universidad efectivamente se puede vincular con la necesidad del control simbólico. Sin embargo, en la historia puede verse que las universidades han funcionado también como intentos de los estados monárquicos de quitarle influencia cultural a la Iglesia Católica. Cristian Tibaldi reflexiona sobre el atavismo religioso (el profesor “profesa”), y su posterior secularización. El imaginario universitario se tiñe de democracia pero también de mercado y empresa. Pero el imaginario tremendista de que la institución universitaria ha sido fagocitada por el interés capitalístico y que no hay instituyentes ¿qué tipo de fantasma está agitando? ¿el fantasma de volverse otro?.

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