miércoles, 28 de septiembre de 2011

Texto de apoyo y Trabajo Práctico Unidad 2

TEXTO DE APOYO UNIDAD II - EL ENFOQUE DEL ANALISIS INSTITUCIONAL

Al calor de las tiempos turbulentos del mayo francés que comenzó como una revuelta contra la Universidad pero terminó impugnando la totalidad de las instituciones y al estado, muchos cientistas sociales y psicólogos fijaron su atención en “las instituciones” o “lo institucional”, una dimensión de la vida social que había sido dejada de lado tanto por el marxismo como por el funcionalismo norteamericano, y tanto por la psicología conductista como por el psicoanálisis. La equivocidad del término y su tendencia escurridiza a convertirse en otros: grupo, organización, normas, control social, socialización, etc. motivaron los más variados esfuerzos teóricos para esclarecerlo.

Sin dudas el texto de Lourau, quien había participado intensamente en los acontecimientos de mayo y realizado prácticas de intervención en instituciones… ¡religiosas! y educacionales, es el clásico en esta materia y resume los avances en esta problemática, separando analíticamente las dimensiones de lo grupal, lo funcional, lo organizacional, lo individual, lo colectivo, de lo institucional.

Lourau hace una revisión crítica completa de las contribuciones de la teoría social, la filosofía, el marxismo, para lograr “atrapar” la especificidad del concepto y termina descubriendo todo un mundo. Sus principales conclusiones:

1) El marxismo canónico erra al tomar la institución como “infraestructura” y mascarada de una realidad sustancial preconstituída: la economía, el proceso de trabajo. Las instituciones no son el ropaje o el disfraz de otra cosa, sino una dimensión constitutiva de todos estos ordenes de la vida social. Los mercados, el intercambio, la maquinaria forman parte de la vida social en tanto instituidos de diversas formas, no existen como pura materialidad ajena al lazo social. Las dimensiones de lo simbólico y lo imaginario son extensamente desarrolladas por Castoriadis en su crítica al marxismo. Las instituciones nos constituyen como sujetos sociales.

2) Los positivismos de Spencer o Comte y el funcionalismo norteamericano tienen el mérito de haber fijado la atención en las instituciones pero solo para reducirlas a finalidades, respuesta a necesidades que quedan naturalizadas como presociales. Fijan la atención solamente en el plano de la acción de la sociedad sobre los individuos para hacerlos parte homogénea de algo ya establecido: la socialización, la inculcación normativa. Y todo esto solo para reproducir o perpetuar la subsistencia sistémica mediante el cumplimiento de funciones. Desconocen que lo institucional es el ámbito no solo de la reproducción social sino de la transformación y que las necesidades o finalidades también están sometidas a luchas por su definición. Las instituciones siempre reproducen la sociedad pero siempre lo hacen contradictoria, multiforme y conflictivamente.

3) La fenomenología (Monnerot, M. Ponty) permite acceder a una dimensión vivencial, comprensiva e interpretativa de la institución. La institución es sobre todo “la vivencia”, los estados mentales que provoca y que le dan sentido. Instalarse en lo institucional para un sujeto es emplazarse frente a una cosa y frente a un significado ordenador que nunca está presente sino imaginado.

4) La triple dimensión de lo institucional: objetiva, en tanto materialidad organizativa con fuerza coercitiva sobre los individuos; simbólica, en tanto interiorización de códigos de sentido; imaginaria, en tanto residuo o exceso de sentido que no puede ser simbolizada porque es lo que permite toda simbolización. Lo imaginario remite al nexo íntimo entre el sujeto-individuo y la sociedad-todo, es el terreno de la vivencia y de la angustia, los mecanismos de defensa, condensaciones, desplazamientos, proyecciones, etc. Como dirá Castoriadis, es el lugar fantasmático, lo que puede hacerse efectivo solo por distorsión, solo asumiendo de manera inestable figuras arbitrarias –no inteligibles, no reductibles racionalimente- que brindan el marco de referencia para hacer inteligible y simbolizable todo lo demás. Estas distorsiones fantasmáticas son formas no de representar sino de indicar algo que no es representable, simplemente están allí no para presentarse sino para señalar aquello que no puede presentarse. Las ideas de “logos” griego y la idea de Dios judeo cristiano, fundantes de la cultura occidental, son figuras de este tipo. Podríamos decir que la dimensión institucional nos permite sobrevivir en tanto objetividad organizada materialmente, nos permite reunirnos y compartir en tanto sistema de referencia simbólico común, y nos permite recrearnos en cuanto acechan los fantasmas que nos constituyen.

5) Los conceptos que permiten el análisis institucional: la segmentariedad, la transversalidad, la implicación, aluden a que toda institución está invadida por la totalidad social (está segmentada por grupos, organizaciones que se extienden sobre ella desde fuera); a que está compuesta por atravesamientos (la escuela tiene cosa de cárceles, la Bolsa de comercio tiene cosas de ritual religioso o de fiesta, la misa tiene cosas de familia, etc.); y a que la institución no es nada sin que llegue profundamente a la vivencia del sujeto, es decir a que el sujeto se encuentre implicado. En tanto la institución activa lo imaginario desata una dinámica instituyente/instituída donde aparece su radical ambigüedad represiva-permisiva que puede alterar o consolidar los sistemas referenciales simbólicos y sus disposiciones materiales. La dimensión instituyente es fundamental porque toda institución está en relación negativa consigo misma, lo no representable, el fantasma que lo señala, todo el tiempo funciona también como un vacío que debe ser colmado, una angustia que debe ser calmada, una plenitud a la que acceder o construir.

Es fundamental en esto el concepto de origen psicoanalítico de “exceso” puesto que las instituciones se colocan en el lugar del exceso respecto a toda necesidad, toda materialidad y todo sujeto. Si uno tiene sed en un desierto, la forma de representarse el agua nunca es estrictamente material, siempre intercede el inconciente con su plus fantasmático: unos se imaginaran bebiendo agua mineral francesa otros se imaginaran bebiendo de una gigantesca cascada de agua natural, otros de una canilla, otros que son amamantados con agua por un gigantesco pecho, etc. Esta forma de simbolizar una necesidad tiene la marca del exceso, en el agua se juega más que la materialidad hidratante para el cuerpo. La falta de agua se convierte en sufrimiento no solo del cuerpo sino del sujeto. En forma semejante, en las instituciones, la necesidad, las metas, la función son significadas de las más variadas maneras por intermedio del imaginario que les da sentido.

El planteo de Elster está en las antípodas de los franceses. Tomando un enfoque de elección racional e individualismo metodológico, normas e instituciones son vistas como elementos con efectos sobre las estrategias maximizadoras de los sujetos.  Las instituciones son tomadas como soluciones a problemas instrumentales de individuos que tienen que decidir entre preferencias y aprovechar oportunidades. Las instituciones son mecanismos que ponen vigencia a reglas formales y externas para proteger del interés egoista y las pasiones a los colectivos humanos. Las normas buscan soluciones subóptimas desde el punto de vista individual y para ello deben apelar a modificar la conducta mediante el uso de la fuerza. Se hacen más costosas las conductas indeseadas, y menos las deseadas. En ningún caso las normas institucionales expresan una voluntad colectiva: el individuo sabe qué quiere y la sociedad no. En el individuo entre la decisión y la ejecución no hay interferencia alguna salvo problemas neuromotores, etc. En la sociedad en cambio, la realización debe apelar a individuos que tienen intereses propios, es decir no hay forma de perseguir lo colectivo sin pasar por los individuos con sus propios intereses frente a lo colectivo. Sin embargo, hay una consecuencia inquietante que ronda estos planteos: las normas pueden ser leídas cínicamente: es muy conveniente que todos la cumplan para que aquellos que no la cumplen saquen ventaja de eso. La norma no necesariamente opera como guía de conducta con la que se identifica el individuo. El cumplimiento colectivo puede favorecer el surgimiento de conductas oportunistas: si nadie circula por la banquina ante un atolladero, siempre existe la tentación de aprovecharla para adelantarse al resto.

Trabajo Práctico 2

¿Se animan a señalar los fantasmas de algunas de las instituciones por las que hayan pasado? No olvide que la vida fantasmática de las instituciones se posa generalmente en detalles, caprichos, arbitrariedades gratuitas, justamente lo que es dificil de simbolizar.
 
¿Cómo analizaría Elster normas institucionales de la Universidad como son los concursos docentes? ¿cómo analizaría la representatividad por claustro?. (elija una)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Consigna 1. Por Tatiana Santillán.

¿Se animan a señalar los fantasmas de algunas de las instituciones por las que hayan pasado? No olvide que la vida fantasmática de las instituciones se posa generalmente en detalles, caprichos, arbitrariedades gratuitas, justamente lo que es difícil de simbolizar.

Ir al baño se vuelve una amenaza para las instituciones escolares de nivel inicial y medio. Quizás suponiendo que el control de esfínteres es un requisito indispensable para garantizar la productividad en la futura vida laboral, o quizás sea solo el perverso placer de disponer sobre los cuerpos que; habiendo formado calladamente, vista al frente y saludo a la bandera, deben posponer sus necesidades fisiológicas hasta que la institución disponga.

Anónimo dijo...

Consigna 2. Por Tatiana Santillán.
¿Cómo analizaría Elster la representatividad por claustro?

Elster sostiene que una institución puede ser regida por líneas dictatoriales o democráticas. En el caso de la universidad la representatividad por claustro es democrática. En el consejo asesor departamental hay tres claustros representados: docentes, alumnos y graduados.

Elster cuestiona la idea de la perfecta representatividad de los intereses de los votantes, y sostiene que los limites en cuanto la voluntad e interés de la institución son borrosos.

El autor también sostiene que no siempre se supera el conflicto, en cuanto a tomas de decisión, por medio de la discusión racional de manera que todos lleguen a ver que un interés tiene mejor base que otros. En este sentido el autor llama la atención sobre un punto que me parece sumamente importante: se enmarca dentro de la teoría de la acción racional, desde esta mirada los individuos son egoístas, maximizadores de sus beneficios e intereses privados, que calculan meticulosamente costos y ganancias. Este enfoque de la elección racional ha recibido varias críticas las cuales sostienen que “el individuo no es un yo unitario con un esquema de preferencias claras y un interés único y especifico” (Marisa Revilla Blanco, 1994:6). Por otro lado, el autor afirma que: “las decisiones institucionales son fácilmente desviadas y distorsionadas por la conducta interesada de los agentes que deben ponerlas en práctica” (Elster, 1993:155).

Anónimo dijo...

Trabajo Práctico 2
Consigna 2

¿Cómo analizaría Elster normas institucionales de la Universidad como son los concursos docentes? ¿cómo analizaría la representatividad por claustro?. (elija una)
Para analizar los concursos docentes según los lineamientos de Elster podríamos partir de decir que estos están regulados por normas de las universidades que persiguen el objetivo de conformar las cátedras de manera transparente e inobjetable, de propender a la calidad educativa y respetar los derechos laborales de los docentes. A tal efecto hay una normativa que establece los requisitos que deben reunir los postulantes, las prioridades que deben ser atendidas en la evaluación que realice el jurado, las incompatibilidades que pueden tener los docentes que se presenten, sus derechos y obligaciones y, también está especialmente reglado como debe conformarse el jurado evaluador.
En lo que respecta a los integrantes de este jurado, se pone énfasis en la ausencia de vínculos con los docentes a evaluar de manera de garantizar la ecuanimidad del dictamen. Pero esta delicada normativa implica de alguna manera el reconocimiento de que hay relaciones en el ámbito académico que pueden convertirse en atajos institucionales que vulnerarían los preceptos que orientan la norma, por ejemplo: un profesor que integra un jurado debe evaluar a alguien que es su colaborador o integrante de su mismo equipo de investigación o de su grupo político. No puede suponerse que el profesor no vaya a cumplir con corrección su función evaluadora pero no es raro que sea objeto de comentarios descalificadores de su función, y hasta impugnaciones, en el caso de resultar seleccionada la persona con la que estaba relacionado.
Como Elster afirma, las normas sociales “ofrecen considerable margen para la interpretación, la manipulación, la destreza y la elección”, el ámbito académico hace un uso no menor de estos recursos, y a menudo nos enteramos de personas o grupos que entretejen estrategias, en ocasiones extremadamente complejas, a los efectos de cumplimentar al menos en apariencia, los requisitos que imponen las reglas de concursos, a fin de beneficiarse con los resultados, a fin de ejercer presiones y manipular sin pagar los costos de transgredir las reglas. Volviendo sobre los jurados, debemos decir que hay negociaciones políticas de los diferentes grupos académicos en torno a la conformación de los mismos, siendo de alguna manera el jurado finalmente elegido un reflejo del estado de la correlación de fuerzas en pugna. Es asi que una vez constituido, el jurado apenas logra velar, parcialmente, las pujas en torno a su composición.

Anónimo dijo...

Trabajo Práctico 2 Marcela Luca
consigna 1
¿Se animan a señalar los fantasmas de algunas de las instituciones por las que hayan pasado? No olvide que la vida fantasmática de las instituciones se posa generalmente en detalles, caprichos, arbitrariedades gratuitas, justamente lo que es dificil de simbolizar.

En el Concejo Deliberante de Mar del Plata existe una figura denominada Mayor Contribuyente, cada concejal tiene derecho a designar a una persona como su Mayor Contribuyente, y anualmente, en una de las tantas reuniones que se realizan para tratar el presupuesto municipal, hay una donde lo aprueba la Asamblea de Concejales y Mayores Contribuyentes. En realidad es sólo una formalidad ya que los presupuestos son aprobados por los concejales, pero es un momento donde pueden ser acompañados por estas personas que han designado. En su origen, los mayores contribuyentes era una figura pensada para dar lugar a la opinión de los más poderosos tributadores de la ciudad sobre destinos de los dineros públicos, en la actualidad y desde hace muchos años cualquier vecino de la ciudad puede ser designado y generalmente es nominado cualquier militante de las distintas fuerzas políticas que componen el HCD sin que haya pujas en torno a la ocupación de estos espacios que han quedado vacíos de relevancia política e institucional, que no detentan poder alguno y que la mayoría de las veces a nadie le interesa que es la persona que lo ocupa. Pero en el imaginario institucional, esta figura que no tiene peso político ni capacidad de voto continúa existiendo, quizás como fantasma que alude a una época en que los sectores económicamente poderosos que sostenían con sus tributos al sector público de la ciudad podían expresar su beneplácito sobre el manejo de sus contribuciones. También puede interpretarse como un reconocimiento del poder político al poder económico, ya que si bien los concejales aprueban o desaprueban un presupuesto con la representatividad que les da el voto popular, no se han desprendido de esa formalidad que alguna vez debe haber representado el respaldo y el visto bueno de los que detentaban el poder real en la ciudad.