jueves, 30 de junio de 2011

TEXTO DE APOYO UNIDAD 5 y Trabajo Práctico

Los textos están cubriendo dos temáticas distintas pero conectadas: por un lado, la cuestión urbana y comunitaria, y por otro, los movimientos sociales urbanos en nuestro país.
El manual de Light, Keller y ot. muestra la refutación sociológica de la presunción de sentido común acerca de la “jungla de cemento” y del carácter frío, impersonal y despiadadamente “societal” e interesado de la vida urbana. Las grandes ciudades tienen una fuerte dinámica de lazos personales, de identidades fuertes y solidaridad (“la aldea urbana”) pero que difieren fuertemente de las comunidades tradicionales de base étnica, religiosa o de tradiciones culturales propias de los pueblos o ciudades pequeñas. Las relaciones de confianza y afinidad, apoyo mutuo, amistad, etc. proliferan pero sobre otras bases: el compartir gustos, actividades, preferencias, estilos de vida, etc. La evolución del transporte y los medios de comunicación hacen que los soportes de la vida “comunitaria” no descansen tanto en la proximidad, el parentesco o las identidades heredadas, y sí en cambio por preferencias en entretenimientos, formas de sentir y pensar, hobbys, deportes o consumos semejantes o compartidos, temas de conversación, ocupaciones, etc., más allá muchas veces –no siempre- de barreras étnicas, parentales, religiosas, etc.
Sin embargo, los estudios de ecología urbana y de sociología urbana muestran que las ciudades están atravesadas por contradicciones y segregaciones de bases clasistas: los valores inmobiliarios y el precio de las tierras, los negocios de la construcción, imponen barreras de segregación y selección. La ciudad tiende a una distribución espacial “clasista” e incluso, las mismas radicaciones industriales tienen una lógica de neutralización del conflicto de clase. En las comunidades el efecto de las desigualdades de clase se atenúa por las tradiciones compartidas y la fuerte cohesión cultural y tradicional. En las grandes ciudades anónimas la lucha por alejarse de los pobres y las barreras de todo tipo para no mezclarse con los de más abajo se generaliza.
La cuestión de la pobreza urbana y la marginalidad en las grandes ciudades está graficada en el clásico trabajo de L. Lommnitz sobre un asentamiento en México. La marginalidad es la imposibilidad de integración a las relaciones de producción modernas de base salarial y a la vida social, cultural y política de la ciudad, por parte de los migrantes rurales. El hallazgo de este trabajo es la fuerte presencia de redes y solidaridades parentales, vecinales y de amistad (cuatismo) que tienden a compensar la ausencia de recursos económicos o educativos. La falta de seguridades crónicas sobre las fuentes de ingresos y los percances y adversidades de la vida cotidiana son enfrentadas mediante el concurso de las relaciones de intercambio de ayuda y reciprocidad que se tejen en intrincadas redes sociales radicadas en el territorio. La idea del carácter “cultural” de la marginalidad o su carácter puramente “residual” o transicional hasta lograr la plena absorción por la ciudad moderna, deben ser rechazadas: los barrios marginales constituyen formas duraderas de socialidad y subsistencia que compensa en gran medida la ausencia del estado, las barreras de los mercados laborales, o la estigmatización y los prejuicios de los medios de comunicación y los “ciudadanos honestos” y “trabajadores normales”. Estas redes “comunales” locales con sus distintas configuraciones ofrecen respuestas efectivas para solucionar numerosos problemas de alimentación, salud, cuidado de los niños, viejos y enfermos, obtención de empleo e ingresos, etc. Es muy importante destacar que no se trata de lazos emocionales o comunitarios tradicionales sino de formas cooperativas de resolver problemas y dar respuesta a necesidades comunes. Justamente es esencial a estar redes que sus integrantes tengan las mismas carencias: las asimetrías económicas o sociales rápidamente tienden a destruir las solidaridades.
El texto de Merklen bucea muchos de estos temas pero para analizar los barrios populares del Gran Buenos Aires. Merklen subraya una dimensión que está ausente en Lommnitz: la politicidad. En efecto, no se trata solo de redes familiares y vecinales, sino de la inscripción territorial en donde aparecen ONGs, Iglesias, agencias estatales nacionales, provinciales y locales, clubes deportivos, bandas y organizaciones ilegales, murgas, etc. que muchas veces exceden las fronteras vecinales o barriales y los conectan con dimensiones de la vida social y política de la ciudad. Los barrios son soportes de movilización y acción colectiva. Los habitantes de los asentamientos están en permanente “acecho” sobre el sistema político y estatal, animados por una “lógica del cazador” para la captura de oportunidades que los lleva a una permenente multiactividad y a la poliafiliación y a los contactos con todo tipo de instituciones y organizaciones. El ejemplo de las familias que participan en más de una iglesia, en más de un partido, es típico. “La necesidad tiene cara de hereje” dice el refrán. En definitiva Merklen parece rechazar la idea lineal de exclusión-guetificación, que connota aislamiento y separación, y recupera la idea de Sigal de distancia institucional y de insuficiencia de integración crónica, que los lleva a una actividad permanente de búsqueda y demanda que nunca se cristaliza en derechos y respuestas estables. Por ello la ciudadanía de las clases populares marginadas es inestable e irregular.
El clásico texto de Svampa y Pereyra sobre los movimientos de desocupados destaca la importancia de las heterogeneidades en el proceso de su formación: -una diversidad de clases y sectores (pobres estructurales, clase obrera desocupada, nuevos pobres de clase media educados, militantes políticos, fuerte papel de las mujeres, etc.) ; - una diversidad de patrones organizativos y culturas militantes: matriz sindical (Corriente Clasista y Combativa, la FTV de la CTA); matriz política (Polo Obrero, MST- Teresa Vive); matriz autónoma o social (MTD Solano, MTR, UTD Gral. Mosconi). Los movimientos de desocupados operan una conversión desde otros tipos de experiencias de organización y lucha hacia una territorialización basada en el corte de ruta, la asamblea horizontal, y la autogestión de proyectos para la propia comunidad.
En mi texto hay una historia de las puebladas y del surgimiento de las organizaciones de desocupados y sus formas de lucha. Es muy importante remarcar los criterios internos de distribución de beneficios (las listas de puntaje, la distribución de planes de acuerdo al compromiso con la organización y la lucha, etc.) como formas efectivas de superar el dilema del rebelde y los comportamientos oportunistas dentro de los mismos, garantizando su éxito y su permanencia en el tiempo. En este sentido, los movimientos se estructuran como algo alejado de las redes de confianza personalizadas y adoptan normas “contractuales” y criterios de decisión “impersonales”.
El texto de Massetti muestra casos de desarrollo de la piqueterización del clientelismo, algunos aspectos del personalismo y las redes sociales que subyacen a muchos de estos movimientos. Es muy importante el aporte en términos de institucionalización posterior (a partir del 2003) y del papel de “la militancia” dentro del estado.
En el mismo sentido pueden verse los análisis del Svampa sobre el devenir de los movimientos de desocupados atenazados por la “demanda de normalidad” del resto de la sociedad que les resta espacio de legitimación para sus luchas.

Trabajo Práctico (Si lo pueden hacer para el próximo miércoles sería buenísimo).

Elija al menos una de las consignas.

¿Cómo caracterizaría a la ciudad de Mar del Plata en términos de ecología urbana y de segregación social?

¿Está de acuerdo con la tesis de Svampa que la “identidad piquetera” emergente con la crisis del neoliberalismo entra en contradicción al menos parcial con las identidades “obreras” asociadas al trabajo y al populismo?

Lommnitz afirma que es la escasez y no la abundancia la que vuelve generosa y solidaria a la gente en los barrios populares. ¿Cómo diferenciaría las redes de solidaridad descriptas por la autora de las formas de solidaridad “institucionalizadas” de Caritas, Unicef, etc.?

La rehabilitación de la respuesta estatal a las clases populares a partir del 2003 ¿cómo afecta a las organizaciones sociales y comunitarias o los movimientos sociales y políticos que nuclean a las clases populares en sus territorios?. ¿Hay algún caso interesante en Mar del Plata?.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Victoria cabral mat 16,766

En cuanto a la segregación social, Mar del Plata presenta una serie de barreras determinadas por la arquitectura de la ciudad. Por ejemplo la gran línea divisoria entre “ricos y pobres” es la Avenida Juan B. Justo, separando al centro del puerto. La distribución espacial es clasista y marcada por un alto valor de aquellas tierras que se encuentran en zonas habitadas por quienes más tienen. Por ejemplo, el “Barrio Los Troncos”, uno de los más caro de la ciudad, presentaba la particularidad de estar a pocos metros de la denominada “Villa de Paso”, de la cual el Intendente se encargó de mudarla bien lejos. Otra cuestión es la que atañe a las playas, cada vez es menor el sector público y se acrecientan los balnearios privados. Existen infinitos ejemplos de esto como la ubicación de la Universidad Nacional, de difícil acceso por quienes viven en zonas alejadas, ya que solo pasan por la zona dos líneas de colectivo, los sectores dedicados al esparcimiento que cada vez están más marcados por aspectos clasistas, etc.

Anónimo dijo...

victoria cabral
parte 2

Respecto a la ecología urbana, en varias zonas, encontramos diversas problemáticas ambientales derivadas de modelos de producción y que afectan directamente la calidad de vida de los habitantes. La mayoría de los barrios afectados son los periféricos, tanto al norte de la ciudad como al sur. Ejemplo de esto son las fumigaciones de hectáreas de soja en cercanías a un Jardín de Infantes provocando efectos nocivos en la salud de los habitantes al igual que una antena de telefonía ubicada en otro barrio, la cual emite ondas electromagnéticas provocando la aparición de casos de cáncer. Sumado a estas problemáticas encontramos el basural a cielo abierto con sus consecuentes impactos ambientales y sanitarios, contaminación del mar con desechos cloacales etc. En la mayoría de los casos, las relaciones que los individuos mantienen con el ambiente se ve afectada por quienes ejercen un mal uso de los bienes y recursos naturales, lo cual lleva a que las personas se organicen por un medio ambiente sano y en contra de la privatización de los espacios públicos.

Anónimo dijo...

Bruschetti (2/2)
3) Lommnitz se ocupa especialmente de un tipo de red social definido por relaciones recíprocas de intercambio entre pares, que se opone a las relaciones más formales centradas en el mercado o la redistribución de bienes y servicios. El conjunto de redes de intercambio constituye una estructura social fluida y adaptable a distintas situaciones, que desempeñan un papel importante en los sectores desfavorecidos, al crear un “sistema informal de seguridad social para la supervivencia” que tiende a satisfacer aquellas necesidades no cubiertas por el sistema formal (estado y mercado). De este modo, el intercambio recíproco surge en respuesta a la escasez y se constituye en un sistema de solidaridad mutua esencial.
Sostiene que en tanto la red de reciprocidad es la comunidad efectiva del individuo marginado, esto se manifiesta en su vida económica, política y social, con lo que fuera de la red de intercambio, su participación sería muy reducida, se expresa inclusive en términos de “desvinculación”.
La autora distingue, según el tipo de intercambio entre redes basadas en la de reciprocidad, en las cuales se produce un intercambio paritario de bienes y servicios como parte integral de una relación social duradera y redes basadas en la redistribución de bienes y servicios, que se centran primero en un individuo o institución para enseguida distribuirse en la comunidad o sociedad. Dentro de este grupo, más cercanas a las relaciones de tipo formales, podríamos encuadrar la acción de Cáritas o UNICEF en los que no encontramos un flujo recíproco de bienes y servicios.
Esto queda expresado en la convocatoria a la última colecta anual de Cáritas en la que se la definía como “una oportunidad para que la sociedad tenga un espacio concreto para compartir sus bienes con los más necesitados” bajo el lema “Pobreza Cero, compromiso de todos”.
En tanto que en la página web de UNICEF Argentina se expresa como objetivo de la organización como el brindar “cooperación técnica y asistencia financiera al Estado y a la sociedad argentina en diferentes áreas vinculadas al bienestar de la infancia y la adolescencia” (…) “para promover la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes, ayudar a satisfacer sus necesidades más importantes y aumentar las oportunidades que se les ofrecen, a fin de que alcancen el pleno desarrollo de sus capacidades.”
En ambos casos, podemos advertir que se trata de redes basadas en la redistribución de bienes y servicios, que se centran primero en una institución para enseguida distribuirse en la comunidad o sociedad, sin participar de un intercambio paritario, como es en el caso de las redes recíprocas estudiadas en profundidad por Lomnitz.

María Soledad Schulze dijo...

Mar del Plata es una ciudad que tiene muchas zonas que se inundan continuamente. En un primer momento esas zonas no eran ocupadas por personas, inclusive en varias de ellas en lo mapas se puede ver que pasa el tren, ya que se había determinado que no eran zonas aptas para vivir.
A partir de los noventa esas zonas comenzaron a ser designadas para darle una solución a la problemática habitacional. Muchas familias viven ahora en tierras que se inundan continuamente, pero nadie al respecto hace nada.

Anónimo dijo...

Ana Fernández
¿Cómo caracterizaría a la ciudad de Mar del Plata en términos de ecología urbana y de segregación social?

Una de las dimensiones de la desigualdad social es justamente la inequidad ambiental, esto es que no todos tienen igualdad de oportunidad de acceder a un ambiente adecuado para una vida sana y segura (ej: acceso a servicios sanitarios, transporte y comunicaciones, educativos, seguridad). La gran mayoría de las ciudades del mundo las fundaron y construyeron las clases más acomodadas, reflejando sus propios valores, idiosincrasia y visión de progreso. Creo que desde que se inventó la ciudad, urbe, burgo, o como se llamara, hace miles de años, existen interfases con el entorno donde se ubican quienes no pueden acceder a los inmuebles más caros de los centros urbanos. Esas periferias, además de tener menos acceso a los servicios públicos y privados, reciben por lo general las peores consecuencias del consumo de la ciudad y la contaminación del aire, el agua y el suelo crecen en forma descontrolada hacia las periferias, como sucede en los barrios mas humildes de Mar del Plata.
Ahora bien, este modelo que podría ser aplicable a cualquier urbe sobre el planeta, tiene en cada ciudad una historia de desarrollo irrepetible, único. Por caso, no creo que la población suburbana de Mar del Plata provenga del campesinado, como sí seguramente ocurre en otras ciudades del interior o en centro América. Al menos gran parte son desplazados de otras ciudades o suburbios bonaerenses, lo cual los hace culturalmente muy diferentes a la idiosincrasia campesina. El campesinado creo que comparte valores y rasgos culturales más homogéneos que facilitan redes solidarias, en cambio los desplazados urbanos los imagino más heterogéneos y, si bien los puede unir el espanto o la desgracia o los piquetes o el clientelismo político, creo que son más individualistas en sus intentos de ascender a clase media.
Finalmente, pienso que mientras existan asimetrías muy marcadas en ingresos económicos (acceso y calidad del trabajo), estas van a estar reflejadas territorialmente: los mas ricos en los barrios mas caros y los mas pobres en las periferias. Esto se ve claramente en la ciudad de Mar del Plata, donde los que tienen una posición social mas alta vive cerca del centro, y los mas desfavorecidos mas cerca de las zonas industriales y del puerto, ubicadas en las afueras de la ciudad.
No se si esto se puede evitar pero seguro que se puede planificar el desarrollo urbano y evaluar diferentes escenarios de crecimiento para atenuar esas asimetrías y levantar el "piso" de dignidad. Es decir con políticas públicas proactivas para evitar el crecimiento caótico, improvisado u oportunista. Tendría menos costo público esta estrategia que el que representan remediar o mitigar las consecuencias sobre la seguridad, la salud y la educación de esa población segregada.

Anónimo dijo...

Guillermina Laitano. Mat. 16.113
Coincidiendo con mis compañeras, considero que en nuestra ciudad existe un alto grado de segregación urbana. Uno de los aspectos donde ella puede visualizarse es a través de los medios de comunicación. Aquí los medios hegemónicos son Canal 8 (y su diario La Capital) y Canal 10. ¿Por qué estos medios promueven la segregación social? Porque solo dan cuenta de las noticias, acontecimientos, sucesos, etc. que les incumben a las capas más altas de esta pirámide social, presentándolas como de incumbencia general y ocultando lo que le pasa a las capas que se encuentran al ras del suelo, o en algunos casos, unos metros hacia abajo. Omitir deliberadamente los temas que son de interés o que implican directamente a los de abajo implica invisibilizarlos. Cuando uno mira la televisión o lee los diarios tiene la sensación de que en Mar del Plata solo existe un 35% de la población real (y ese 35% es el de más arriba). Además hay que tener en cuenta que cuando los de abajo se enfrentan con los de arriba, estos medios realizan claras interpretaciones al relatar los acontecimientos (creo que aclarar a favor de quién es hecha la interpretación está de más). Los medios de comunicación en las grandes ciudades son muy importantes porque nos ayudan a tener una dimensión de con quiénes convivimos y qué les sucede a nuestros vecinos, en este sentido podrían ser un gran espacio para aunar identidades y luchas. Cuando los medios son monopolizados por los centros de poder, como aquí sucede, no solo se presenta a la población de un modo falsario (en el sentido de que solo aparece representada una mínima fracción de ella) sino que además es un modo de contribuir a la fragmentación de los sectores más soterrados. A la segregación urbana producto de la arquitectura social podemos sumar la segregación mediática que repercute negativamente en la organización y solidaridad mutua de los de abajo.

Anónimo dijo...

María Eugenia Nebreda (Mat.16255)
Svampa y la “identidad piquetera”
Estoy totalmente de acuerdo con la tesis de Svampa respecto de que la figura del “piquetero” se aparta de la identidad del trabajador construida alrededor de la “sociedad salarial”. Esto por varias cuestiones alrededor de la caracterización de los actores que van a conformar este nuevo sujeto colectivo que emerge en los 90. En primer lugar hablamos de personas que vienen transitando el modelo neoliberal desde dos décadas anteriores, con la experiencia además de una dictadura militar tan terrible. Los procesos de descolectivización y ruptura de solidaridades ya había comenzado (aunque no de manera tan profunda como se dio en los 90). El modelo populista ya está en crisis desde hace mucho tiempo y la desocupación y la retracción del Estado Social van desarticulando la identidad social tejida alrededor del trabajo salarial y los vínculos que se construían a partir de esos espacios. Otro punto que me parece importante es lo que destacan Svampa y Pereyra como la nueva configuración de las bases sociales de los movimientos de desocupados y la presencia tan importante de jóvenes y mujeres. Éstos (y éstas) sujetos han construido experiencias de vida y trayectorias laborales muy diferentes, por lo que influencia en la decisión respecto de las reivindicaciones y las acciones políticas a llevar adelante tendrán una impronta diferente.
También en relación con lo anteriormente expuesto, coincido con los autores en poner en duda el concepto de “identidad piquetera”. A propósito de la heterogeneidad de sujetos y experiencias que conforman los movimientos de piqueteros, hay no sé si un estado transitorio pero sí al menos una referencia identitaria más fluctuante o menos fuerte que la identidad obrera. Es por eso que se puede discutir si realmente hay conformación de una identidad o es una manera de ejercer una práctica (como por ejemplo el ejercicio de una determinada profesión), algo completamente diferente a la identidad del trabajador que remitía a un “nosotros” que excedía el ámbito laboral.

Anónimo dijo...

Capitán, Maria Belén Mat 16.025

Una forma de diferenciar las redes de solidaridad descritas por la autora de las formas de solidaridad “institucionalizadas”, como Caritas o UNICEF, es a través de la reciprocidad. Mientras que en las primeras (sea el tipo de red solidaria que sea –egocéntrica, exocentrica, grupo social o unidad domestica) la reciprocidad se da siempre (son redes de intercambio), en organizaciones como caritas o UNICEF operan de manera diferente no se da.
Otra de las diferencias podemos encontrarla en lo que la autora llama la cercanía física. Mientras que en las redes solidarias la cercanía física es de importancia evidente: a mayor vecindad, mayor interacción social y mayores oportunidades de intercambio; en las formas de solidaridad “institucionalizadas” la cercanía física carece de importancia, es mas prevalece el anonimato, claro ejemplo de ellos son las donaciones que se pueden hacer a través de internet, o los sobres en blanco que entrega la caritas cuando realiza la colecta anual.
Para diferenciar estas formas de solidaridad podemos hacer alusión a la presencia la confianza como un rasgo que se da dentro de las redes solidarias y los componentes q esta incluye: deseo de intercambio reciproco, voluntad de cumplir con las obligaciones de la relación y familiaridad mutua y que no se presentan en las formas de solidaridad institucionalizadas.
Otro punto de desencuentro es el alcance que tienen, la extensión, UNICEF y caritas operan en todos los países del mundo, o en la mayoría de ellos, en cambio las redes solidarias son mas acotadas se reducen al vecindario.
Por ultimo podemos diferenciarla en base a igualdad/desigualdad. En las redes solidarias es importante la igualdad de carencia entre pares, mientras que en caritas o UNICEF justamente lo que prima es la desigualdad de carencia.

Anónimo dijo...

TP de Sociología I. y Comunitaria
Humberto Lohiol Mat. 16687


Mar del Plata es una ciudad que desde su fundación está marcada por la excepción. En este sentido podemos decir que nace de un loteo de tierras aprobado por excepción, es decir transgrediendo las normas, ya que se realizó sobre tierras privadas y no fiscales, como decía la ley, allá por 1874. (Núñez,A. 2000)
Siguiendo una línea en este sentido, de excepcionalidad a la ley, Mar del Plata se ha caracterizado y aún lo sigue haciendo, por su “precariedad legal”, es decir que más allá de normas, reglas o leyes locales, nacionales e internacionales, la ciudad vive en permanente estado de excepción a esas pautas Dentro de este marco de excepción a las leyes que involucra a importantes (por su tamaño) sectores de la sociedad debemos citar la precariedad en la concesión del transporte público de pasajeros (problema que lleva décadas), las cientos de construcciones “por excepción” que se autorizan cada año en la ciudad, las conexiones clandestinas de servicios, hasta llegar a los temas centrales que nos ocupan: un basural a cielo abierto que fue habilitado en forma precaria por trece meses (hace catorce años) y aún hoy recibe la basura de toda la ciudad y la planta de pretratamiento de desechos cloacales provisoria (hace veintiséis años) que arroja los residuos dentro del mar, a una distancia mucho menor a la estipulada por las normas ambientales y que está causando la contaminación de las aguas del mar desde el norte de la costa marplatense (Parque Camet) hasta por lo menos las playas del puerto de la ciudad. Según estudios de estudiantes y docentes de Biología de la UNMDP, estas costas son de las más contaminadas del mundo (más que New York o Singapur), ante estos datos OSSE (Obras Sanitarias Sociedad del Estado) mira para otro lado.
Con la misma lógica de excepcionalidad y precarización legal desde finales de la década de 1980 hasta nuestros días, se ha ido construyendo en la ciudad (sobre los límites norte, oeste y sur) una especie de “ciudad paralela” a la que algunos analistas llaman “Gran Mar del Plata”. Aquí lo que abunda son servicios precarios o inexistentes, construcciones por excepción o fuera de toda regla, conexiones de agua, luz o gas totalmente deficitarias, en una clara muestra de segregación social por parte del Estado municipal, que llega al punto de instalar un centro de salud en uno de estos barrios “periféricos” (discriminación centro-periferia), cuando las construcciones de los vecinos del sector, ni siquiera figuran en Catastro de la Municipalidad, como ejemplo nos referimos al Barrio La Herradura, un asentamiento que fue construyéndose en el oeste de la ciudad, sobre tierras ocupadas pertenecientes al ex Hipódromo de la ciudad, dónde la precariedad y la excepción es lo que se destaca. Una característica que le agrega fuerza al concepto de segregación social en este caso en particular, es que muchos de los habitantes del barrio La Herradura son residentes bolivianos que han logrado formar un hogar en este espacio que les permite estar cerca de su ámbito laboral, ya que muchos de ellos trabajan en las quintas aledañas al lugar.
Otra importante muestra de segregación social es la aparición, igual que en otras ciudades de nuestro país, de los llamados “barrios cerrados”. Estas áreas residenciales cerradas con muros y barreras, con vigilancia las 24 horas han sido diseñadas para darle seguridad a sus residentes e impedir la entrada a toda persona desconocida, dónde lo que se destaca es la transformación de un espacio antes público, en privado, por supuesto con reglamentaciones de excepción. Estos enclaves exclusivos convierten barreras físicas en barreras sociales, reforzando la segregación social entre “los de adentro y los de afuera”(Roitman,S., 2003).

Anónimo dijo...

Personalmente coincido con la caracterización de la autora respecto a la contradicción de la identidad piquetera con las identidades obreras.
La autora describe las organizaciones como actor político, mostrando ciertos rasgos simbólicos comunes, a la vez que describe la heterogeneidad y la fragmentación, como fundadas en el origen mismo del movimiento piquetero y que la diversidad de trayectorias sociales y saberes culturales que las atraviesa, influye el proceso de formación del actor colectivo.
La emergencia de una identidad piquetera está asociada a la lucha, comparten un relato identitario común a partir de la vivencia de estar en la ruta, el acceso a la participación política dentro de las asambleas barriales, la referencia a la pueblada como medida de fuerza y la demanda de asistencia pública responsabilizando al Estado del sufrimiento social.
En el desarrollo piquetero en la provincia de Buenos Aires tuvo que ver la CCC, el PCR y otros grupos autónomos, como el Teresa Rodríguez y la Aníbal Verón, pero también con líneas sindicales, como la CTA -entendiendo que la nueva fábrica era el barrio-. El pasaje de la fábrica al barrio se dio en los sectores populares. La política dejó de organizarse en relación con una identidad laboral para centrarse en organizaciones articuladas por mediadores barriales. La autora entiende que las organizaciones de desocupados sostenían discursos contra el clientelismo repolitizando lo social ¿emergencia de una nueva militancia?
Respecto de la identidad obrera, en los 90 el peronismo dejó de ser el principio de articulación, debilitado por años de hegemonía neoliberal. El rol de subordinación de una gran parte de los sindicatos desestabilizó las bases de las clases trabajadoras que no encontraban eco a sus reclamos, muchos fueron literalmente abandonados por sus sindicatos.
El año 2001 fue el año de las fábricas recuperadas, las protestas de ahorristas y el surgimiento de colectivos culturales. Pero, un año después las políticas asistenciales hicieron que las organizaciones piqueteras dependieran fuertemente del Estado.
Entiendo que los movimientos piqueteros son muy significativos, pero muy diferentes y que han movilizado la Argentina. Hay sectores más contestatarios –quizás los que provengan de una extracción mas políticamente orgánica- que se oponen al capitalismo y al neoliberalismo, pero otros se agrupan ante la amenaza del desempleo masivo. Pero estos movimientos de desocupados, no solo protestan por su falta de empleo, sino trabajan sobre huecos que el Estado deja, no quebrando la democracia, sino dentro de sus reglas. Trabajan en sus barrios y se movilizan construyendo redes. Para ellos el piquete no representa un fin en si mismo sino un medio. Es una identidad de reclamo, de cuestionamiento, con el piquete como herramienta.
Respecto de la clase obrera, es portadora de una fuerte identidad social, sólidamente anclada en una especial valorización de la cultura del trabajo, un orgullo sindical y una vocación política peronista, conformando un sujeto colectivo no tan heterogéneo como el movimiento piquetero. Al sindicalizarse el movimientos se hace más homogéneo y también más permeable a prácticas populistas.
Pero también entiendo que muchos movimientos piqueteros terminan reproduciendo el clientelismo político. Sus dirigentes –o muchos de ellos- fueron cooptados por el poder político, donde tomaron cargos dirigenciales y/o políticos y finalmente abandonaron sus bases.

Anónimo dijo...

UPS. ME OLVIDE DE PONER EL NOMBRE. ALEJANDRA SANZ CORNEJO
Personalmente coincido con la caracterización de la autora respecto a la contradicción de la identidad piquetera con las identidades obreras.
La autora describe las organizaciones como actor político, mostrando ciertos rasgos simbólicos comunes, a la vez que describe la heterogeneidad y la fragmentación, como fundadas en el origen mismo del movimiento piquetero y que la diversidad de trayectorias sociales y saberes culturales que las atraviesa, influye el proceso de formación del actor colectivo.
La emergencia de una identidad piquetera está asociada a la lucha, comparten un relato identitario común a partir de la vivencia de estar en la ruta, el acceso a la participación política dentro de las asambleas barriales, la referencia a la pueblada como medida de fuerza y la demanda de asistencia pública responsabilizando al Estado del sufrimiento social.
En el desarrollo piquetero en la provincia de Buenos Aires tuvo que ver la CCC, el PCR y otros grupos autónomos, como el Teresa Rodríguez y la Aníbal Verón, pero también con líneas sindicales, como la CTA -entendiendo que la nueva fábrica era el barrio-. El pasaje de la fábrica al barrio se dio en los sectores populares. La política dejó de organizarse en relación con una identidad laboral para centrarse en organizaciones articuladas por mediadores barriales. La autora entiende que las organizaciones de desocupados sostenían discursos contra el clientelismo repolitizando lo social ¿emergencia de una nueva militancia?
Respecto de la identidad obrera, en los 90 el peronismo dejó de ser el principio de articulación, debilitado por años de hegemonía neoliberal. El rol de subordinación de una gran parte de los sindicatos desestabilizó las bases de las clases trabajadoras que no encontraban eco a sus reclamos, muchos fueron literalmente abandonados por sus sindicatos.
El año 2001 fue el año de las fábricas recuperadas, las protestas de ahorristas y el surgimiento de colectivos culturales. Pero, un año después las políticas asistenciales hicieron que las organizaciones piqueteras dependieran fuertemente del Estado.
Entiendo que los movimientos piqueteros son muy significativos, pero muy diferentes y que han movilizado la Argentina. Hay sectores más contestatarios –quizás los que provengan de una extracción mas políticamente orgánica- que se oponen al capitalismo y al neoliberalismo, pero otros se agrupan ante la amenaza del desempleo masivo. Pero estos movimientos de desocupados, no solo protestan por su falta de empleo, sino trabajan sobre huecos que el Estado deja, no quebrando la democracia, sino dentro de sus reglas. Trabajan en sus barrios y se movilizan construyendo redes. Para ellos el piquete no representa un fin en si mismo sino un medio. Es una identidad de reclamo, de cuestionamiento, con el piquete como herramienta.
Respecto de la clase obrera, es portadora de una fuerte identidad social, sólidamente anclada en una especial valorización de la cultura del trabajo, un orgullo sindical y una vocación política peronista, conformando un sujeto colectivo no tan heterogéneo como el movimiento piquetero. Al sindicalizarse el movimientos se hace más homogéneo y también más permeable a prácticas populistas.
Pero también entiendo que muchos movimientos piqueteros terminan reproduciendo el clientelismo político. Sus dirigentes –o muchos de ellos- fueron cooptados por el poder político, donde tomaron cargos dirigenciales y/o políticos y finalmente abandonaron sus bases.

Anónimo dijo...

Ana Fernández
¿Cómo caracterizaría a la ciudad de Mar del Plata en términos de ecología urbana y de segregación social?

Una de las dimensiones de la desigualdad social es justamente la inequidad ambiental, esto es que no todos tienen igualdad de oportunidad de acceder a un ambiente adecuado para una vida sana y segura (ej: acceso a servicios sanitarios, transporte y comunicaciones, educativos, seguridad). La gran mayoría de las ciudades del mundo las fundaron y construyeron las clases más acomodadas, reflejando sus propios valores, idiosincrasia y visión de progreso. Creo que desde que se inventó la ciudad, urbe, burgo, o como se llamara, hace miles de años, existen interfases con el entorno donde se ubican quienes no pueden acceder a los inmuebles más caros de los centros urbanos. Esas periferias, además de tener menos acceso a los servicios públicos y privados, reciben por lo general las peores consecuencias del consumo de la ciudad y la contaminación del aire, el agua y el suelo crecen en forma descontrolada hacia las periferias, como sucede en los barrios mas humildes de Mar del Plata.
Ahora bien, este modelo que podría ser aplicable a cualquier urbe sobre el planeta, tiene en cada ciudad una historia de desarrollo irrepetible, único. Por caso, no creo que la población suburbana de Mar del Plata provenga del campesinado, como sí seguramente ocurre en otras ciudades del interior o en centro América. Al menos gran parte son desplazados de otras ciudades o suburbios bonaerenses, lo cual los hace culturalmente muy diferentes a la idiosincrasia campesina. El campesinado creo que comparte valores y rasgos culturales más homogéneos que facilitan redes solidarias, en cambio los desplazados urbanos los imagino más heterogéneos y, si bien los puede unir el espanto o la desgracia o los piquetes o el clientelismo político, creo que son más individualistas en sus intentos de ascender a clase media.
Finalmente, pienso que mientras existan asimetrías muy marcadas en ingresos económicos (acceso y calidad del trabajo), estas van a estar reflejadas territorialmente: los mas ricos en los barrios mas caros y los mas pobres en las periferias. Esto se ve claramente en la ciudad de Mar del Plata, donde los que tienen una posición social mas alta vive cerca del centro, y los mas desfavorecidos mas cerca de las zonas industriales y del puerto, ubicadas en las afueras de la ciudad.
No se si esto se puede evitar pero seguro que se puede planificar el desarrollo urbano y evaluar diferentes escenarios de crecimiento para atenuar esas asimetrías y levantar el "piso" de dignidad. Es decir con políticas públicas proactivas para evitar el crecimiento caótico, improvisado u oportunista. Tendría menos costo público esta estrategia que el que representan remediar o mitigar las consecuencias sobre la seguridad, la salud y la educación de esa población segregada.

Anónimo dijo...

Claudia Bruschetti
1) Teniendo en cuenta que desde la sociología urbana se señala la distribución espacial clasista a las que tienden las ciudades, generalizándose la instalación de barreras de segregación y selección podemos hacer un acercamiento a los orígenes fundacionales de la ciudad de Mar del Plata y el modo en que las barreras instaladas inicialmente fueron transformándose, manteniéndose y avanzando en el tiempo.
Felipe Celesia expresa que el “mapa urbano marplatense tiene claras divisiones sociales en avenidas y figuras geométricas insertadas. Entendiendo la ciudad como un semicírculo, las avenidas Fortunato de la Plaza (39) y Champagnat, introducen allí los ejes cartesianos que separan el Gran Mar del Plata del resto. En abanico se despliega la periferia que se extiende cada vez más hacia el oeste, norte y noreste. En oposición, hacia el sur, y como único apéndice fértil del Centro, se desarrollan proyectos de residencias privadas y countries, análogos a los que impulsaba a principios de siglo el balneario, en lo que hoy se conoce como barrio Stella Maris, Los Troncos, Cabo Corrientes y Centro.
La avenida Champagnat (traza paralela a la costa céntrica) y sus anchísimos carriles y canteros, revela la enemistad ancestral ciudad-ciudad a través de una obra urbana. De la avenida hacia la Pampa Grande, la promesa de cierto avance social para las clases empobrecidas. De la avenida hacia el Mar, el gueto seguro y cálido que otorga a las clases favorecidas las condiciones para desarrollar sus libertades individuales, principal deseo de las sociedades democráticas.”
Allí explica el carácter determinante en el origen de los barrios populares de la ciudad que tuvo la sanción en 1948 de la Ley de Propiedad Horizontal, que permitió en tan solo 13 años duplicar el número de habitantes. Muchos de ellos se acercaban como mano de obra al servicio del turismo de temporada de verano, estableciéndose en los barrios populares para trabajar en la zona residencial, y terminaron transformándose en residentes permanentes, al comenzar en la ciudad un período de expansión económica portuaria e industrial.
Celesia señala que la comunidad italiana, aún en los momentos de mayor florecimiento económico de la actividad pesquera, continuaron viviendo en el barrio del puerto, aún conservando la barrera “étnica instalada desde los mismos orígenes del barrio: sur para los sicilianos; norte para los napolitanos.”
En esa misma época las actividades centradas en el desarrollo del turismo en la ciudad (balnearios, hotelería y gastronomía), favorecieron que un grupo de comerciantes se afirmaran en el sector, constituyéndose en una clase acomodada socio-económicamente que hasta la actualidad continúan administrando el sector, residiendo en las zonas de elite, contratando como mano de obra a los otros habitantes de la ciudad, los que residen más allá de la frontera de clase que Mar del Plata trazó desde sus orígenes.
Otras barreras de carácter simbólico se extienden en la ciudad a través de estas primeras trazadas espacialmente: las escuelas en las que estudian los hijos e hijas de una u otra clase social (bastaría hacer un simple estudio entre los intendentes y concejales democráticos para dar base empírica a esta afirmación), el tipo de servicio de salud al que apelan los habitantes de los distintos sectores de la ciudad, el deporte que se practica y el club en el que se lo hace, el tipo de organización política en la que militan, el destino turístico elegido en las vacaciones de invierno (sky en las pistas mendocinas vs visita a la familia de origen en las provincias del NOA o Santiago del Estero).
Asimismo las barreras, como decíamos acerca del puerto, se re-emplazan al interior de estos sectores entre pobladores de barrios contiguos que se segregan mutuamente y que trasladan la vigencia de las fronteras al interior de las instituciones que habitan (escuela, salita de salud), como ocurre por ejemplo entre Barrio Belgrano y Autódromo, o Pueyrredón y Las Heras.