Desafortunadamente la clase de mañana queda postergada hasta el miércoles próximo que vamos a ver y sería bueno que lean los textos de Rosanvallon, Foucault, Deleuze y Hollowy
TEXTO DE APOYO
Si en la primer parte de esta unidad vimos los conceptos clásicos de abordaje de las instituciones políticas y la "madre" de todas las instituciones ("el estado"), en esta segunda parte vemos enfoques completamente diferentes.
Las instituciones de la política versan siempre sobre un rasgo esencial de vínculo social: el poder. Regulan o convierten en lazo algo tan divisivo como la autoridad, la fuerza, el mando, etc. Los conceptos de Marx, Weber y Gramsci, dominación clase, legitimidad, hegemonía, intentan develar el secreto de la sujección y la obediencia. Como se puede ver en el artículo de Thwaites, estas formulaciones tienen diversos vacíos. Parten de la base de que los sujetos obedecen en general por la fuerza o por el consentimiento a mandatos que son unívocos, es decir por la adhesión, o creencia en la validez, legitimidad o valor de los mandatos sobre los que no pesa contradicción. Sin embargo, la teoría política contemporánea tiende a despreciar esta idea: los sujetos no adhieren a los mandatos, no comparten las motivaciones o las justificaciones de los mismos y pueden obedecer igual. Incluso pueden estar completamente en contra en su fuero interno y ser esmeradamente obedientes. Pueden simular obediencia, ocultar sus desobediencias, etc. La relación del sujeto con el poder es mucho más compleja que la que proviene de la idea moderna de soberanía sobre la que se funda el estado y las instituciones.
El poder ya no es una soberanía, una voluntad manifiesta, sino algo que la excede y constituye a los mismos sujetos aunque adhieran o no adhieran a él. Para Foucault o Deleuze el poder no son siquiera mandatos y voluntades, imposiciones, sino simplemente dispositivos o flujos que constituyen a las voluntades mismas. El poder pasa a ser relacional, un flujo que atraviesa la voluntad sin dejar rastro.
Lejos de la soberanía, es la guerra el principio de análisis de las relaciones de poder. Explica Foucault que sus razonamientos sobre este tema provienen de la indagación sobre el cómo del poder: por un lado, captar las reglas del derecho que delimitan desde la forma al poder; por el otro, mirar los efectos de verdad que produce ese poder y que a su vez permite prorrogarlo. El poder se ejerce como discurso como producción de la verdad, por ello no solo la busca y la registra sino que nos obliga a ella mediante el derecho.
Desde la Edad Media, la teoría del derecho es el elemento fundamental para fijar la legitimidad del poder. Sin embargo, Foucault se propone abordar un campo de análisis nuevo: captar el poder por el lado del extremo cada vez menos jurídico de su ejercicio. Tomar el poder en sus formas y sus instituciones más locales, que desbordan las reglas que lo organizan, van más allá de ellas y tienen sus propias técnicas e instrumentos expandiendo una red polimorfa de lazos de sujeción y sometimiento. En un procedimiento opuesto al Leviatán, se trata no de mirar al soberano sino la constitución de los súbditos como sujetos y orientar el análisis hacia las formas de sometimiento, de sus sistemas locales y hacia los dispositivos de saber. A esto llama Foucault un método de análisis ascendente que parte de los dispositivos infinitesimales y solo luego se pregunta cómo se han articulado en una dominación global. El poder aparece como una circulación, como una cadena, una red, un atravesamiento. Los blancos del poder también lo ejercen e incluso, son ellos mismos efectos del poder. El ejemplo de la represión sexual y la exclusión del loco muestran como el interés burgués pasaba no por el encierro psiquiátrico o la vigilancia de la sexualidad infantil, sino por la utilización de estas formas de sometimiento su aprovechamiento global de estas formas de ejercicio del poder. La burguesía generaliza una nueva mecánica de poder que desborda al poder soberano: el poder disciplinario, un entramado de coerciones que aseguran la cohesión a ese cuerpo social.
Explica Foucault que el ejercicio del poder se juega entre un derecho de la soberanía y una mecánica de la disciplina. Las disciplinas son creadoras de aparatos del saber, de saberes y de campos múltiples de conocimiento. El comportamiento es codificado no como ley, sino como norma, como estandarización-normalización basada no en una ética sino en una ciencia.
Igualmente considera que las normalizaciones disciplinarias chocan cada vez más con el sistema jurídico de la soberanía, al cual intentan colonizar, lo que obliga a inventar cada vez más un discurso que pueda arbitrar gracias a su sacralización científica.
Explica el autor que la teoría de la soberanía se propone necesariamente constituir el ciclo del sujeto al sujeto, mostrar cómo un sujeto entendido como individuo dotado de derechos puede y debe convertirse en sujeto sometido en una relación de poder.
Foucault se propone en su proyecto general tratar de librar el análisis del poder de los tres elementos de la concepción soberana: el sujeto, la unidad y la ley, para centrarse en la verdadera trama básica de las relaciones de poder: las técnicas, la heterogeneidad y sus efectos de sometimiento.
Conectando con este concepto, se pregunta Foucault si la guerra puede valerse como análisis de las relaciones de poder y como matriz de las técnicas de dominación. Si la existencia de la guerra puede considerarse como la primera de las relaciones, si los fenómenos de antagonismo, rivalidad, enfrentamiento entre individuos deben reagruparse en el mecanismo de la guerra y si los conceptos surgidos de lo que se llamaba en el siglo XVIII y XIX, el arte de la guerra, pueden constituir un instrumento válido para analizar las relaciones de poder.
A continuación. Foucault retoma la inversión de la frase de Clausewitz y explica que el principio de “la política como continuación de la guerra” circuló desde los siglos XVII y XVIII y que fue el prusiano quien la invirtió como consecuencia de la estatización y profesionalización de la guerra, con su aparato militar definido y controlado, el ejército.
Foucault sostiene que el poder político no comienza cuando cesa la guerra. Concluye que hay que decodificar la política como una guerra permanente. Aún más: solamente desde la posición de combate, desde el antagonismo y la descentración de los sujetos es que surge la verdad, ya sea porque es un arma para la lucha como porque la relación de fuerzas permite demostrarla como tal. La verdad está al lado de la brutalidad y la violencia, y en cambio la razón del lado de las artimañas y las tácticas sutiles para perpetuarla y difundirla.
Foucault anuncia la guerra de razas como la matriz de purificación-eliminación-normalización desde donde se articula el discurso de la guerra permanente que aparece formulado en el S.XVII descartando la paternidad de Maquiavelo sobre este discurso. La raza no se concibe como exterior a otras sino como la detentadora de la verdad, la pureza y la norma que la enfrenta contra las subrazas desviadas que buscan infiltrarla y corromperla. En el S. XX surge un racismo de estado, una defensa de la sociedad contra sí misma, contra sus “impurezas”.
El autor explica que la historia hasta cierto momento fue una historia de la soberanía, una historia que denomina jupiteriana. Al final de la Edad Media aparece una nueva forma de discurso que hace que los mismos elementos que están del lado del poder, derecho, ley u obligación, aparezcan del lado opuesto de quienes escriben esa historia como abuso y coacción. Esta historia se llama la historia de lucha de razas, la contrahistoria, donde desaparece la identificación entre el pueblo y el soberano. El discurso histórico se posa en la servidumbre oscura, la decadencia, el poder secreto que se necesita recuperar. A la primera historia Foucault la llama historia glorificadora de tipo romano y a la segunda, historia mítica de tipo bíblico. Esta última no esta unida a tres funciones como la romana sino a una partición binaria de la sociedad y de los hombres, por un lado los justos y por otro los injustos, por un lado los ricos y por el otro los pobres.
El autor plantea que a fines de la edad media, en los siglos XVI y XVII se comienza a abandonar una sociedad cuya conciencia histórica se basaba en los rituales de la soberanía y sus mitos, para entrar en una sociedad de tipo moderno cuya conciencia histórica no se centra en la soberanía sino en la revolución que promete futuras liberaciones. Será la historia de la denuncia de que el poder soberano se funda en el azar y la injusticia de las batallas, una historia de desciframiento. El discurso de la guerra de razas no es necesariamente patrimonio de los oprimidos, sino que se muestra polivalente y móvil. Tampoco alude a realidades biológicas sino al hecho de definir dos grupos de orígenes diferentes cuyas relaciones o cohabitación no pueden pensarse sin la irrupción de la violencia de luchas y conquistas.
Por último Foucault plantea las transformaciones en el Siglo XX del discurso de la guerra de razas: el nazismo que reinscribe la problemática de la purificación como operación biológica a cargo del Estado guardián de la pureza; y el comunismo soviético que reinscribe la lucha revolucionaria en la problemática del orden soberano a través de la policía y la figura del “enemigo de clase”. En ambos casos, el Estado es reintroducido en el discurso de la guerra de razas que antes lo había anatematizado.
Finalmente el fantástico concepto de biopoder. Foucault introduce el tema del cambio del poder soberano en la medida en que deja de centrarse en el derecho a matar y comienza a preocuparse por el control, la regulación de la “vida”. Si tradicionalmente el poder soberano significaba el derecho a matar y dejar vivir, a partir de fines del S XVIII comienzan a aparecer formas de poder que, a diferencia de las tecnologías disciplinarias focalizadas sobre el cuerpo individual, ahora van a orientarse a normalizar, regular, controlar y vigilar el cuerpo colectivo, el hombre/especie. Son las tecnologías del poder sobre la población, sobre los peligros y riesgos que se ciñen sobre conjuntos biológicos, dando nacimiento al biopoder. Esta nueva tecnología de poder supone a partir del S XIX una inversión del derecho tradicional soberano: en vez de derecho a matar y dejar vivir, ahora el estado se arroga el derecho a hacer vivir y dejar morir. El poder abre nuevos campos de intervención: la salud y la salubridad pública, la urbanización, la natalidad y mortalidad, la escolarización de masas, el medio ambiente, las incapacidades biológicas, etc. sobre los que va a buscar una regularización operando de manera directa sobre las fuerzas de la vida. Foucault atribuye el opacamiento de la presencia social y política de la muerte al ascenso de estas nuevas tecnologías de biopoder para las que la muerte deja de ser un blanco privilegiado. Las nuevas tecnologías de control de la vida engendran nuevas formas de saber: la demografía, el urbanismo, la estadística, etc. dando lugar a nuevas tendencias de centralización y coordinación de saberes e intervenciones sobre masas humanas y no sobre cuerpos sometidos a instituciones y técnicas locales, lo que refuerza el papel del estado y hace regresar por un lugar impensado el viejo poder soberano.
Es notable el análisis de la sexualidad como entrecruzamiento de ambas tecnologías del poder: por un lado el disciplinamiento individual y por el otro el control de la procreación y la conjuración de sus peligros. La sexualidad acopla el cuerpo y la población y es un blanco permanente de las operaciones de los dispositivos disciplinarios y biopolíticos.
Foucault plantea que el biopoder entra en relación contradictoria y paradójica con el viejo poder soberano de quitar la vida: la bomba atómica muestra que la potenciación del derecho de matar amenaza la vida como tal y por tanto amenaza el poder específico de “hacer vivir”.
Por último, se analiza el papel del racismo como un “corte” que permite ejercer el derecho soberano a matar y permite establecer lo que debe vivir y lo que debe morir. El blanco “población” es así objeto de una partición funcional a la guerra. Además con cierta perspicacia a mi juicio abusiva Foucault plantea que el biopoder introduce una suerte de sacralización de la muerte como “depuración” basado en los apotegmas de la selección natural darwiniana. Así tanto hacia los otros como hacia los propios toda forma biológica de vida humana queda objeto del poder y sujeta a sus imperativos de normalización de regeneración de la raza, de su evolución y realización. El nazismo expresa el epítome de esta forma de poder en la triple caracterización del estado nazi: racista, asesino y suicida, puesto que la muerte es erigida como medio de regeneración racial sobre sus propios miembros. ¿Te mato porque quiero que seas mejor de lo que eres? ¿Te mato y me mato porque no soporto que seas imperfecto?. La muerte del amor termina en amor a la muerte o al revés.
Dejo el TP
1) Teoría clásica de las instituciones políticas: Piense en el Estado en la sociedad argentina desde la dictadura hasta nuestros días. Elija un periodo histórico: ¿cómo se ha articulado la hegemonía, como se ha combinado la fuerza y el consenso?
2) Teorías posmodernas o posclásicas: Piense en una institución. En qué se puede apreciar dentro de ella el paso del principio del “matar y dejar vivir” al “hacer vivir y dejar morir” ( es obvio que se trata también de un principio de uso metafórico: matar puede ser echar del trabajo, vivir puede ser un ascenso, etc.)
Y recuerden lo bueno si es breve es dos veces bueno.
19 comentarios:
1)La propuesta de este trabajo donde hay que pensar la articulación entre la hegemonía, la fuerza y el consenso, me lleva a pensar en intento del Gobierno en el 2008 de hacer que las retenciones para el sector agrario sean móviles. Como bien ya sabemos la ley de Retenciones móviles no fue aprobada, ya que existieron varias resistencias y a la hora de los votos aparecieron grandes opositores. Desde Rosanvallon podemos pensar en que estas grandes oposiciones se buscaban institucionalizar un poder débil e institucionalizar la sospecha.
¿Ahora bien cómo es que el Gobierno no logra impulsar las retenciones móviles?
Siguiendo las lecturas de la cátedra, podemos pensar el hecho como una crisis orgánicas, la cual se da debido a una ruptura entre la estructura y las superestructuras. En ese momento el Gobierno oficial, no logro hacer avanzar a la sociedad, no logro absorberla, lo cual lo lleva finalmente a una crisis de hegemonía. Quién si logro absorber a la sociedad fue la Sociedad Rural, ya que en sus discursos reiteradamente aparecía la idea de que una modificación como tal afectaría solo y únicamente a los pequeños productores y no a los grandes monopolios. Que la Sociedad Rural haya logrado imponer su punto de vista, muestra que la dominación se convierte en hegemonía, es decir, incluye la aceptación del dominado, el consenso.
La dominación, no sólo se expresa de manera coactiva, sino que también logra imponerse a través de determinados puntos de vistas, de discursos, de una moral, de costumbres que terminan por favorecer el reconocimiento de su dominación por las clases dominadas. Inclusive, podemos pensar que el discurso y las acciones que predominaban en ese momento contaban con la probabilidad desde un principio de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para que acaten los mandatos específicos. Esto me hace pensar al rol que jugaron algunos partidos de izquierda, rol que debería podría analizar después.
Teniendo en cuenta este acontecimiento podemos ver que ya no es tan simple el análisis de el Estado, ya que la idea de legitimidad de Weber no puede ser aplicada en ese hecho, entendiendo que las estructuras políticas no fueron aceptadas por la mayoría de los agentes del sistema. Pero además, esto nos demuestra, que la construcción de poder de organizaciones como La Sociedad Rural, es una construcción que aún perdura, ya que siguen siendo actores que dotan de legitimidad determinados hechos históricos.
2- El segundo ejercicio propuesto por la cátedra nos lleva a una lectura profunda de las clase 17 de marzo de 1976 de Michel Foucault, donde ya en el primer párrafo nos advierte que hablara de la articulación entre la disciplina y la regulación: la ciudad obrera, la sexualidad, la norma.
“Hacer morir y dejar vivir” y “Hacer vivir y dejar morir”, me lleva a Neffa, quien nos habla en bastantes ocasiones del empleo precario contratado a través de las agencias de servicios eventuales. Desde comienzo de los ochenta se ha reglamentado y legitimado en Argentina el funcionamiento de las empresas llamadas de servicios eventuales. En principio estas empresas buscarían personal para que cubra de manera temporaria el reemplazo de algún trabajador ausente, o para hacer frente a picos de trabajo ocasionales. Sin embargo, con el correr del tiempo no se limitaron a esta función, sino que los trabajadores provistos por esas empresas terminan por cubrir puestos de trabajo de carácter permanente. Ahora bien, podemos pensar en el concepto de biopolítica de Foucault y entonces una segunda forma de ejercicio de poder que no es ya individualizador sino que es masificador.
La relación salarial es en esa tiempo de empleos triangular, lo cual termina por disminuir el poder individual de negociación contractual del trabajador frente a su verdadero empleador. La regulación de las que nos habla Foucault, esta presente en el avance del trabajo precario.
La oferta masiva de el trabajo precario es un ejemplo de la metáfora de “hacer vivir y dejar morir”, ya que se despoja a los trabajadores de todo tipo de garantías y derechos laborales.
Capitán Maria Belén
Mat.: 16.025
1.El periodo que voy a tomar para analizar es el que va desde 1976 a 1983. En la primera mitad de la década del 70`, se fue instalando un clima de intolerancia y violencia que alcanzo su punto final en 1976, con la llegada al poder de los militares. De esta manera se impone en la Argentina, un régimen de terror que apelaba a la desaparición y eliminación sistemática de personas. Sin embargo, no se debe perder de vista, pese a los estragos realizados por los militares, “la colaboración prestada por amplios sectores de la sociedad, ya sea mediante el apoyo explicito a la dictadura o a través de silencios cómplices que ayudaron a conformar el consenso civil al nuevo régimen” Un amplio espectro social, prestó de alguna forma u otra su cooperación al régimen militar, cooperación sin la cual, no hubiese podido existir ni sobrevivir (medios de comunicación, la cúpula eclesiástica, diferentes asociaciones empresariales, la sociedad rural y diversos sectores de la sociedad civil). “La mayoría de los argentinos no ofreció resistencia. Los ciudadanos parecían no sentir el gobierno y a la democracia como propios” (Suriano Juan, Nueva Historia Argentina 2005).
Podemos ver como un régimen se consolida, se hegemoniza y no solo a través del ejercicio de la fuerza y la coacción, sino que hay diferentes instituciones que lo apoyaron y que ayudaron a que el resto de la población, o mejor dicho la mayoría, aceptara este régimen ¿como explicamos sino la multitud de personas en la Plaza de Mayo apoyando a la guerra?
Sin embrago este régimen no era compatible con los intereses generales de los dominados debido a sus acciones (desaparición sistemática de personas, guerra de Malvinas, entre otros), en palabras de Gramsci no fue capaz de absorber a toda la sociedad, los sectores contra hegemónicos (Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, estudiantes, entre otros) emprenden su lucha. El gobierno ya no era dirigente sino solo dominante, poseedor solo de la fuerza coactiva, lo que significa que el pueblo dejo de creer en el produciéndose una crisis que termina con este régimen y se comienza con uno nuevo, con el democrático.
2. “Hacer vivir y dejar morir”, se me ocurre un ejemplo relacionado a mi trabajo. El verano pasado, al igual que todos los veranos, en la estación de servicio en que trabajo tomaron a empleados para la temporada solo que con una peculiaridad, tomaron a personas que aceptaron trabajar en negro solo le pagaban el día trabajado, no les pagaban el día franco, ni el secundario, ni la mutual ni aportes jubilatorios, ni seguro y demás derechos que tiene el trabajador en blanco. Se ve esta enfermedad, de la que habla Foucault, como fenómeno de población ya no como la muerte que se abate sobre la vida sino como la muerte permanente que se desliza en la vida, la disminuye y la debilita.
Capitán Maria Belén
Mat.: 16.025
1.El periodo que voy a tomar para analizar es el que va desde 1976 a 1983. En la primera mitad de la década del 70`, se fue instalando un clima de intolerancia y violencia que alcanzo su punto final en 1976, con la llegada al poder de los militares. De esta manera se impone en la Argentina, un régimen de terror que apelaba a la desaparición y eliminación sistemática de personas. Sin embargo, no se debe perder de vista, pese a los estragos realizados por los militares, “la colaboración prestada por amplios sectores de la sociedad, ya sea mediante el apoyo explicito a la dictadura o a través de silencios cómplices que ayudaron a conformar el consenso civil al nuevo régimen” Un amplio espectro social, prestó de alguna forma u otra su cooperación al régimen militar, cooperación sin la cual, no hubiese podido existir ni sobrevivir (medios de comunicación, la cúpula eclesiástica, diferentes asociaciones empresariales, la sociedad rural y diversos sectores de la sociedad civil). “La mayoría de los argentinos no ofreció resistencia. Los ciudadanos parecían no sentir el gobierno y a la democracia como propios” (Suriano Juan, Nueva Historia Argentina 2005).
Podemos ver como un régimen se consolida, se hegemoniza y no solo a través del ejercicio de la fuerza y la coacción, sino que hay diferentes instituciones que lo apoyaron y que ayudaron a que el resto de la población, o mejor dicho la mayoría, aceptara este régimen ¿como explicamos sino la multitud de personas en la Plaza de Mayo apoyando a la guerra?
Sin embrago este régimen no era compatible con los intereses generales de los dominados debido a sus acciones (desaparición sistemática de personas, guerra de Malvinas, entre otros), en palabras de Gramsci no fue capaz de absorber a toda la sociedad, los sectores contra hegemónicos (Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, estudiantes, entre otros) emprenden su lucha. El gobierno ya no era dirigente sino solo dominante, poseedor solo de la fuerza coactiva, lo que significa que el pueblo dejo de creer en el produciéndose una crisis que termina con este régimen y se comienza con uno nuevo, con el democrático.
2. “Hacer vivir y dejar morir”, se me ocurre un ejemplo relacionado a mi trabajo. El verano pasado, al igual que todos los veranos, en la estación de servicio en que trabajo tomaron a empleados para la temporada solo que con una peculiaridad, tomaron a personas que aceptaron trabajar en negro solo le pagaban el día trabajado, no les pagaban el día franco, ni el secundario, ni la mutual ni aportes jubilatorios, ni seguro y demás derechos que tiene el trabajador en blanco. Se ve esta enfermedad, de la que habla Foucault, como fenómeno de población ya no como la muerte que se abate sobre la vida sino como la muerte permanente que se desliza en la vida, la disminuye y la debilita.
HumbertoLohiol
TP 4
2) Tomando en este caso a la madre de las instituciones, el Estado, me sitúo en la Argentina de la década del 90, cuando la andanada de medidas de políticas neoliberales, luego de “popularizarse” en casi todo el mundo, llegaron a nuestro país (aunque habían comenzado en 1976 con la dictadura cívico-militar). A través de la implementación de éstas políticas, el Estado impone el principio “hacer vivir y dejar morir”. Más allá de la falsa dicotomía entre estado regulador o desregulador (ya que en el modelo neoliberal el Estado sigue teniendo una fuerte incidencia en el mercado), es evidente que el estado que aplica políticas neoliberales específicamente en el ámbito laboral, como ocurrió en Argentina, está metafóricamente “dejando morir al trabajador”. Un Estado que durante décadas le dio a los trabajadores seguridad en cobertura médica, vacaciones, aguinaldo, seguridad legal, que de alguna manera estructuraba en el tiempo la vida del trabajador, de repente flexibilizaba el modelo de manera que lo que era segura pasara a ser precario, lo que era asistencia del estado se convertía en despido voluntario con indemnización y a arreglarse como fuera, llámese empleo en negro, tercerización o cuenta propismo, donde ya nada era seguro y a largo plazo, sino que era el momento del corto plazo, del contrato “basura”(por tres meses), dónde el estado le soltó la mano al trabajador y transformó esa seguridad social que estaba en sus manos en obligación de cada uno, en compromiso individual. Fue entonces que el “hacer vivir y dejar morir” queda reflejado en el cambio en el mundo del trabajo, donde la seguridad laboral, la permanencia en el tiempo del empleo, se convirtieron en inseguridad jurídica laboral, contratos de tres meses de duración y principalmente en desempleo masivo, fue el momento en el que el Estado dejó de ser el garante del futuro del trabajador para dejar esa tarea en manos del individuo, en este cambio del patrón de dominación(según dice Holloway), fue que el Estado, haciendo uso de todo su poder, dejó de sujetar al trabajador y lo hizo cargo personalmente de su porvenir.
Humberto Lohiol
TP 4
a) El período que quisiera tomar para aplicar el concepto de hegemonía, es justamente el de la dictadura cívico militar que asoló al país entre 1976 y 1983, para intentar pensar el rol del Estado en esta etapa. Si bien los conceptos de hegemonía y legitimidad han sido pensados por los autores leídos para formas democráticas y el gobierno militar de 1976 es de facto y no de derecho, intentaré aplicarlos relacionados con el accionar del Estado de la dictadura.
En primer lugar tomando palabras de Gramsci, un grupo social es dominante respecto de los grupos adversarios que tiende a “liquidar” o a someter incluso con la fuerza armada y es dirigente de los grupos afines o aliados. La dictadura implantada en la Argentina en 1976 no fue sólo militar, de modo que fue dirigente de grupos de empresarios de medios de comunicación, industriales, comerciales, inclusive fue dirigente de algunos militantes de partidos políticos. Es aquí donde podemos introducir el concepto de hegemonía, que según Gramsci se logra desde el Estado aplicando coerción (uso legítimo de la fuerza) más consenso en la Sociedad civil. Cuando el italiano desarrolló este concepto pensaba en las sociedades de masas en Europa de 1920-30 y en la dificultad de llegar al poder de la forma que había ocurrido en Rusia, ya que ahora las sociedades capitalistas habían estructurado trincheras en la sociedad civil y no era suficiente con tomar el poder por asalto. En el caso que nos ocupa, los militares no llegaron solos al poder, construyeron una alianza hegemónica con poderosos grupos empresariales y dirigentes políticos de manera de asegurarse no sólo el uso de la fuerza (herramienta que ya tenían), sino la posibilidad de implementar recetas económicas que contaron con el apoyo material e intelectual de numerosos grupos de la sociedad civil, donde estaban las trincheras de las que hablaba Gramsci.
Si tuviéramos que sopesar los componentes de esta alianza hegemónica indudablemente la fuerza tuvo una incidencia decisiva durante la dictadura cívico militar, pero sin el consenso de diversos grupos componentes de la sociedad civil, este gobierno de facto no hubiera dejado la profunda huella que dejó en nuestro país.
Capitán Maria Belén
Mat.: 16.025
1.El periodo que voy a tomar para analizar es el que va desde 1976 a 1983. En la primera mitad de la década del 70`, se fue instalando un clima de intolerancia y violencia que alcanzo su punto final en 1976, con la llegada al poder de los militares. De esta manera se impone en la Argentina, un régimen de terror que apelaba a la desaparición y eliminación sistemática de personas. Sin embargo, no se debe perder de vista, pese a los estragos realizados por los militares, “la colaboración prestada por amplios sectores de la sociedad, ya sea mediante el apoyo explicito a la dictadura o a través de silencios cómplices que ayudaron a conformar el consenso civil al nuevo régimen” Un amplio espectro social, prestó de alguna forma u otra su cooperación al régimen militar, cooperación sin la cual, no hubiese podido existir ni sobrevivir (medios de comunicación, la cúpula eclesiástica, diferentes asociaciones empresariales, la sociedad rural y diversos sectores de la sociedad civil). “La mayoría de los argentinos no ofreció resistencia. Los ciudadanos parecían no sentir el gobierno y a la democracia como propios” (Suriano Juan, Nueva Historia Argentina 2005).
Podemos ver como un régimen se consolida, se hegemoniza y no solo a través del ejercicio de la fuerza y la coacción, sino que hay diferentes instituciones que lo apoyaron y que ayudaron a que el resto de la población, o mejor dicho la mayoría, aceptara este régimen ¿como explicamos sino la multitud de personas en la Plaza de Mayo apoyando a la guerra?
Sin embrago este régimen no era compatible con los intereses generales de los dominados debido a sus acciones (desaparición sistemática de personas, guerra de Malvinas, entre otros), en palabras de Gramsci no fue capaz de absorber a toda la sociedad, los sectores contra hegemónicos (Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, estudiantes, entre otros) emprenden su lucha. El gobierno ya no era dirigente sino solo dominante, poseedor solo de la fuerza coactiva, lo que significa que el pueblo dejo de creer en el produciéndose una crisis que termina con este régimen y se comienza con uno nuevo, con el democrático.
2. “Hacer vivir y dejar morir”, se me ocurre un ejemplo relacionado a mi trabajo. El verano pasado, al igual que todos los veranos, en la estación de servicio en que trabajo tomaron a empleados para la temporada solo que con una peculiaridad, tomaron a personas que aceptaron trabajar en negro solo le pagaban el día trabajado, no les pagaban el día franco, ni el secundario, ni la mutual ni aportes jubilatorios, ni seguro y demás derechos que tiene el trabajador en blanco. Se ve esta enfermedad, de la que habla Foucault, como fenómeno de población ya no como la muerte que se abate sobre la vida sino como la muerte permanente que se desliza en la vida, la disminuye y la debilita.
Guillermina Laitano. Matrícula: 16113.
1) El período que comprende desde 2003 a la actualidad en nuestro país puede ser leído desde la perspectiva teórica gramsciana como un período de construcción de hegemonía, si bien aún no acabado.
En los años previos a dicho período en nuestro país fue cuestionado el derecho de los gobernantes a mandar y el deber de los gobernados a obedecer. Nos encontrábamos en una situación de crisis, la ideología neoliberal naturalizada por el menemismo se vio cuestionada, su lenguaje dejó de ser sentido común, su ideología dejó de ser imperceptible y sus instituciones aparecían ante los dominados como “cajas vacías” de significado. Esta situación quedó cristalizada en las manifestaciones de fines de 2001 y a lo largo del 2002.
Lo que caracteriza el período actual, que comienza con la llegada de Néstor Kirchner al poder en 2003, es el comienzo de una nueva aceptación por parte de los dominados de su condición de tales, es decir, la construcción de un consenso “que le otorga bases más sólidas a la dominación” pura, aquella que se da en la sociedad política a través de las instituciones coactivas, como la policía y el ejército. La construcción de consenso descansa en la compleja red de instituciones que se desarrollan en la sociedad civil (recordemos que para Gramsci el Estado es la sociedad política más la sociedad civil) mediante las cuales, el grupo social dominante ejerce “la dirección moral e intelectual” de los dominados, es decir, la dirección o el ejercicio del poder con el consenso activo de los dominados. La construcción de este consenso se logra cuando un grupo social en lucha logra consolidar sus intereses y su ideología como los de la totalidad. En el período que nos compete una de las instituciones fundamentales a la hora de construir consenso es el partido político, el Partido Justicialista. Además hay que tener en cuenta las alianzas del grupo social dominante con los sindicatos más fuertes del país. Esta alianza, leída desde la perspectiva gramsciana, fue y es fundamental en nuestro país para la consolidación de la hegemonía del grupo social hoy dominante, el “kirchnerismo”. Éste hace sacrificios económico-corporativos, esto es, concesiones a los sindicatos. De este modo, el kirchnerismo presenta sus intereses como aquellos que contemplan y engloban los intereses de los sindicatos. Otro ejemplo de concesiones lo encontramos en las leyes promulgadas de expropiación de empresas que entraron en quiebra y que el Estado cedió a los trabajadores para que las recuperen mediante la formación de cooperativas. (Consideramos solo estos ejemplos por los límites del presente trabajo práctico).
Pero la hegemonía del kirchnerismo aún está en proceso de construcción. Esta situación se vislumbra si pensamos que para Gramsci, en la construcción de hegemonía hay un prerrequisito que es la guerra de posición. En nuestro país hoy nos encontramos atravesando dicha guerra, la cual se expresa en los medios de comunicación masiva (instituciones importantísimas de la sociedad civil). Las distintas facciones de poder de nuestra sociedad, el kirchnerismo y la “oposición”, hoy se encuentran en plena guerra, y el objeto de esta guerra, su botín, es la construcción de sentido común (recordemos que para Gramsci el sentido común es la ideología de un grupo social naturalizada). Quien logre presentar su ideología, a través de los medios, como “la realidad”, logrará la hegemonía. A la luz de los acontecimientos que se vienen dando, las elecciones de Octubre serán claves para el kirchnerismo, pues si triunfa nuevamente, desde la perspectiva gramsciana, podremos decir que ha logrado consolidar su hegemonía.
Guillermina
2) Un paso de lo que Foucault llama el poder soberano que se expresa mediante el “hacer morir y dejar vivir” al biopoder que se expresa en el “hacer vivir y dejar morir” puede pensarse en la relación del Estado en nuestro país con los campesinos. Hasta el auge de la soja, los campesinos eran dejados de lado por el Estado argentino, porque las tierras en las que vivían no eran productivas. Con la “sojización” del suelo argentino todas las tierras, incluso las menos fértiles que habitaban los campesinos, comenzaron a ser un bien deseado. El Estado junto a los grandes terratenientes comenzaron a despojar a los campesinos de sus tierras sistemáticamente –junto con la destrucción del medio ambiente: bosques, montes, etc.-, a organizar la territorialidad de la Argentina rural, y como correlato, a organizar a sus habitantes, a su población, a “hacerlos vivir” en otro lado y, desprovistos de sus medios de reproducción de vida, a “dejarlos morir”. Si bien antes de dicho auge se observaron desalojos, luego de aquél éstos se acrecentaron de manera muy importante, al punto que se los puede pensar hoy como política de Estado.
El surgimiento del biopoder, nos dice Foucault, introduce el racismo en los mecanismos del Estado. El racismo permite establecer un corte en el continuo biológico de la especie humana, entre lo que debe morir y lo que debe vivir. En este sentido podemos pensar a los campesinos como la raza inferior de nuestro país, aquella que es aceptable que se mate por ser peligrosa, por no ser sana; frente a otra raza, la buena, la “occidental, blanca y cristiana” que busca el “progreso” del país aplicando los nuevos avances tecnológicos al modo de producción agrario capitalista.
María Eugenia Nebreda (Mat.16255)
1) Teoría clásica de las instituciones políticas
El gobierno de Alfonsín o "con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura"
El gobierno de Alfonsín inaugura el retorno a la democracia. Los desafíos que enfrenta remiten a recuperar por un lado el monopolio del ejercicio de la violencia legítima, que estuvo usurpado por los militares y además construir bases de consenso que le permitan la continuidad en el ejercicio del poder.
Si bien cuenta con un amplio apoyo popular, este consenso electoral es precario. Para fortalecerlo deberá considerar las necesidades de las clases subalternas, fuertemente postergadas por el gobierno militar. También deberá instrumentar políticas destinadas a condenar las acciones genocidas de las fuerzas armadas. Ambas políticas de Estado deberán llevarse adelante como expresiones de “reconstrucción institucional y reparación social”.
La construcción del consenso deberá trabajar además en las alianzas políticas con los sectores económicos dominantes, quienes fortalecieron su poder durante la dictadura y desean mantener y concentrar aún más sus beneficios y su poder pero también con los sindicatos, que mantienen fuertemente su representación de la clase obrera. Por otra parte están los organismos de derechos humanos que también se configuran como elementos de presión y el poder militar con un poder decreciente pero aún presente.
Con un discurso fuertemente anclado en las garantías civiles y democráticas, Alfonsín intenta llevar adelante un proceso de judicialización de los integrantes de las fuerzas armadas y políticas económicas redistributivas, pero no logró condensar un poder suficiente para lograrlo.
Entre otras consecuencias las leyes de obediencia debida y punto final y la hiperinflación manifestaron una crisis de hegemonía que permitió que accediera al poder una nueva coalición hegemónica de grupos económicos y políticos, que se va a expresar en el “Estado neoliberal” de Menem.
Nebreda
2) Institución que “hace vivir y deja morir”: la educación en y después de los 90.
Está largamente estudiado el hecho de que parte de las reformas estructurales neoliberales de los 90 apuntaron a desfinanciar la educación. Esto trajo como consecuencia que varias generaciones recibieran (y reciban) una educación insuficiente, de mala calidad, que no permite adquirir las habilidades necesarias para lograr una salida laboral. Esto por lo menos para aquellos sectores que no tienen los recursos (económicos o culturales) necesarios para acceder a una educación de calidad en institutos privados o inclusive públicos pero con mecanismos de ingreso que sólo permiten el acceso de determinados estratos sociales.
Daniel Filmus, en un trabajo respecto de la relación entre la escuela secundaria y el empleo destaca que a partir de una reorientación de la política social del Estado, permitió que se incrementara la matrícula escolar de todos los niveles, especialmente el secundario. Pero como correlato los jóvenes siguen siendo los más perjudicados por el desempleo, lo que pone de manifiesto que la institución educación no cumple con sus objetivos de permitir el ingreso al mercado de trabajo en condiciones dignas, continuar los estudios y participar de una ciudadanía plena. Sólo permite “vivir” a partir de políticas que garanticen el acceso universal pero luego deja la posibilidad de “morir” a cada uno cuando finaliza (o no) sus estudios.
Los mismos conceptos se podrían aplicar al importante aumento de la matrícula universitaria.
Hola. Bueno, te consulto a ver si esto que se me ocurre está bien. Hay un tema que "sobrevuela" las instituciones, la que yo estoy por ejemplo que es de lisiados o discapacitados motrices sin compromiso mental, y que trata sobre la actividad sexual de estas personas. Sobre todo aquello/as que se han discapacitado por un accidente y no que portar una dolencia desde su nacimiento. Es un tema latente que a las psicologas les cuestra tratar porque como te dije, "esta ahi" pero "de eso no se habla"... Los padres, cuando sus hijos lisiados van llegando o llegan a la adolescencia, sentran en crisis porque no saben manejar el tema, pero a la vez tampoco lo plantean abiertamente. Hay sospechas... "los que pueden y los que no pueden"... eso provoca a veces burlas, enfrentamientos, chicanas... pero no no se logra poner sobre la mesa para realizar las terapias o grupos necesarios....
es eso un fantasma?
gracias
Sanz Cornejo
Durante décadas, la batalla cultural fue ganada por el neoliberalismo. Sus consecuencias más evidentes fueron la degradación de la vida social, la lógica hiperindividualista, la sustitución de la política por la administración y la gestión de cuerpos y bienes transformando la vida democrática en un gran mercado en el que la libertad remitía, fundamentalmente, a la posibilidad de elegir entre diferentes opciones de mercancías. Pero también se trató de una transformación profunda de los imaginarios de época, eliminando el lenguaje igualitarista. Este mensaje fue reproducido infinitamente, unidimensionando individuos y sociedades.
Cuando una sociedad pierde la batalla de las ideas, pierde la capacidad de enriquecer las discusiones, de delimitar el contexto ideológico y político. Éstos, entonces, se dan en los términos y con las reglas implícitas y casi invisibles que favorecen a las corporaciones y que luego se reproducen en conductas individuales y colectivas.
En su quehacer cotidiano, los medios masivos de comunicación utilizan ciertos mecanismos tales como la tematización o la construcción de la agenda, a fin de poner en el centro del debate determinadas problemáticas sociales y brindar un marco de interpretación de la realidad, tanto como para obviar todo aquello que el estado construye dentro de un modelo que apuesta a la redistribución y el desarrollo. Los medios no sólo abordan acontecimientos sociales sino que los construyen.
El neoliberalismo ha buscado y lo sigue haciendo -con los grandes medios de comunicación a la cabeza-, conquistar el alma de las personas definiendo la estructura del “sentido común”, transformando sociedad en agencia. Sería inimaginable la hegemonía que ha alcanzado sin la complicidad estructural de la industria de la comunicación.
Mi conclusión es que hay medios masivos de comunicación que actúan como elementos de control social, utilizados por una elite o clase dominante que utilizan gran parte de esos medios para brindar a la sociedad una información distorsionada y falsa, para así ejercer el dominio y el control de las masas.
A partir de esa información, se nos imponen un estereotipo y un modelo a seguir y así podamos pensar, educarnos y actuar –en principio- como éste grupo controlador nos indica.
Ana Fernández
1- Tomando en cuenta el periodo 1999-2001, presidencia de De la Rua, podemos ver que en ese gobierno nunca se llego a consolidar como hegemónico o si lo hizo fue de manera muy débil ya que no logro avanzar sobre la sociedad, no fue capaz de absorber a toda la sociedad. Si bien fue dominante, nunca fue dirigente, detentadora de la mera fuerza coactiva por lo que las grandes masas no creían en el gobierno.
Se produce una crisis orgánica ya que la ruptura englobo tanto a la clase dominante como a aquellos que aspiraban a la dirección del nuevo sistema hegemónico. Hubo una fuerza permanentemente organizada y predispuesta desde largo tiempo para el cambio
En este periodo la crisis se desarrollo también dentro del mismo sistema hegemónico, como explicar sino la renuncia del vicepresidente Chacho Alvarez.
2- Con el advenimiento del neoliberalismo en la Argentina el trabajo en negro se acrecentó, ese te hago vivir porque te doy trabajo pero te dejo morir porque no te doy ni vacaciones, ni feriados, ni mutual, etcétera. Por ejemplo: muchas empresas empleaban personas durante cortos periodos, para poder tenerlos en negro, pero sin tener ningún tipo de beneficio social, y luego los despedían y volvían a contratar nuevo personal otro plazo de corto tiempo.
Sanz Cornejo, Alejandra.
El período que tomo es el que se ubica antes del 10 de octubre de 2009 cuando se cerró en el Senado la discusión -dejando atrás resabios de la dictadura- y donde el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual intenta acotar el discurso hegemónico, el discurso único mediático de los grandes multimedios que monopolizan la información. Cuando hablo del “antes” de 10/10/2009, incluyo dentro de este periodo lo que fue la previa, la movilización generada en torno del proyecto de ley que reinstauró el sentido de la participación, de la movilización, el valor de la incidencia como ejercicio ciudadano en una sociedad que permanecía en el descreimiento y la apatía, hasta la fecha misma donde la Ley fue aprobada congregando abrumadoras mayorías cuantitativas y cualitativas.
Los medios masivos de comunicación, cumplen una labor fundamental para el resguardo de “la cosa pública”, pero desde su génesis misma tienen incorporado el germen de la contradicción original, el de ser de propiedad privada. En este choque de intereses el derecho a la información de todos, queda subordinado al beneficio de unos pocos que utilizan a los medios como herramienta fundamental de reproducción social.
El papel de los medios en la reproducción de los prejuicios o, por el contrario, su refutación, es importantísimo, porque son formadores de opinión y porque a través de los medios, voces e ideas pueden llegar a mucha gente o ser silenciadas. La concentración actual de medios en pocas manos, lejos de garantizar la libertad de expresión, ha permitido que un discurso descalificador y virulento hegemonice la comunicación masiva, atentando incluso contra la gobernabilidad.
Para lograr la hegemonía de la sociedad, las clases sociales dueñas de los medios de producción materiales también se apropian de los medios de producción ideológicos. Dentro de los medios de producción ideológicos entiendo la preponderancia central que adquieren los medios masivos de comunicación.
Claudia Bruschetti
1) En la última década, desde las ciencias sociales se han realizado distintos análisis acerca de las representaciones sociales sobre el 24 de marzo, sobre la dictadura militar iniciada en 1976 y sobre el terrorismo de Estado con ella inaugurado. Buena parte de ellos toman como objeto de estudio los discursos de los actores sociales que se posicionan desde diversos grupos para exigir memoria y justicia, poniendo como eje del proceso el concepto de memoria, otros lo hacen en base al análisis de producciones periodísticas. En estos estudios se intenta realizar una periodización a partir de los distintos sentidos que cobra el concepto de memoria según el grupo que lo sostiene y lucha por imponerlo frente al resto de la sociedad. Así, coinciden en señalar un primer momento en el que la lucha se dio entre el discurso militar, que se imponía reinvindicando lo actuado cada 24 de marzo, y el movimiento de derechos humanos, cuestionador del accionar represivo. El segundo momento se despliega a partir de 1983 año en el que se inicia la transición democrática, período en el que el Estado se mantiene silencioso respecto de la fecha. Progresivamente el Estado argentino empezará a realizar una lectura del pasado dictatorial y del comportamiento social en general de la época. Hasta 1996, que con el 20º aniversario del golpe, Menem se refirió al “horror generalizado que nos afectó a todos” sin aludir a responsabilidades. A su vez se propendería a la polarización entre víctimas (de la sociedad) y victimarios (miembros de las fuerzas armadas, de la iglesia) y desde ese Estado neoliberal se tendería a la búsqueda de la pacificación y el empleo de políticas de indulto, para facilitar el ingreso al primer mundo. En ese período se afirmaría el discurso de los organismos de derechos humanos, que incluirían el sentido de responsabilidad civil en las acciones de la dictadura, ampliando la complejidad de la red represiva.
Hasta aquí el Estado no había tomado un papel relevante en la problematización del pasado dictatorial. Es a partir del año 2003, con el acceso de Kirchner al gobierno nacional que la representación de este pasado empieza a configurar un espacio jerarquizado en el tratamiento estatal. Primeramente con una serie de decisiones gubernamentales que incluiría: el relevo de la cúpula militar, el pronunciamiento a favor de la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, impulsando su tratamiento en la Corte Suprema, propiciando una fluida relación con los organismos de derechos humanos, en especial con las Madres de Plaza de Mayo. Así como la apropiación simbólica de la fecha a través de sucesivos actos sociopolíticos: con el retiro de los retratos de Videla y Galtieri del Colegio Militar, fundando en la ESMA un futuro espacio para la Memoria, decretando el día 24 de marzo como feriado nacional inamovible, promoviendo la reedición del informe Nunca Más incluyendo un nuevo prólogo escrito por Eduardo Luis Duhalde y otros integrantes de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, permitiendo imponer hegemónicamente la representación del Estado sobre el pasado reciente.
Bruschetti
En el sentido gramsciano del término, podríamos decir que el Estado argentino, desde el año 2003, ha sostenido una posición hegemónica respecto de la memoria, ya que ha sabido articularse desde una posición de supremacía con otros grupos sociales, orientando la representación social de un conjunto social mucho más amplio. También podríamos señalar que como el ejercicio de la hegemonía se caracteriza por su complejidad, por la combinación de la fuerza y el consenso, en equilibrio diverso, en distintos momentos han emergido grupos sociales que han luchado por imponer su concepción acerca de la memoria, como por ejemplo los grupos ultraderechistas como “Argentinos por la Memoria Completa”, contando con el apoyo de determinados grupos de la opinión pública. Pero la concepción dominante, ha sabido encontrar el consenso de las mayorías necesario para sostenerse en el tiempo y ahondar sus expresiones en órganos de opinión pública que multiplican y extienden su efecto hegemónico. Así, el gobierno kirchnerista, es caracterizado en nuestra cotidianedad por la opinión pública como “el gobierno de los Derechos Humanos”. Reconociendo el carácter complejo de la hegemonía, observamos cómo frente a ese grupo dominante, emergen otros grupos subalternos, que aspiran a imponer otra visión o hegemonía alternativa, problematizando el sentido atribuido desde la opinión pública al gobierno de “los Derechos Humanos” haciendo expresa la denuncia de crímenes de testigos claves en los Juicios de la Verdad, o en manos de “gatillo fácil”, situaciones de criminalización de la protesta, la pobreza, la juventud o visibilizando el elevado número de presos políticos del año 2003 a la fecha.
Bruschetti
2) Michel Foucault asegura que durante la segunda mitad del siglo XVIII apareció una nueva tecnología de poder, ya no disciplinaria, que se aplica a la vida de los hombres, destinada a la multiplicidad de los hombres, a la población, tratándose de una “biopolítica de la especie humana”. La biopolítica se ocupará del problema político de la población, tratando de establecer mecanismos de regulación que mantengan un equilibrio a partir de un poder de regularización que consiste en hacer vivir y dejar morir.
La reestructuración socioeconómica producida en la Argentina en los años noventa tuvo como uno de sus principales ejes a la política de privatización de empresas públicas, con sus negativas consecuencias en el mercado de trabajo, que se vio profundamente deteriorado. Un elevadísimo número de trabajadores de empresas privatizadas tuvieron que abandonar sus puestos de trabajo, porque su continuidad ponía en riesgo la rentabilidad de las mismas así como para cumplir con los requisitos de reorganización técnica.
Distintas medidas de racionalización del personal se pusieron en vigencia desde el estado: "retiros voluntarios", jubilaciones anticipadas, cesantías y liquidación de entes. Los programas de retiro voluntario consistían en el acuerdo de abandono del puesto de trabajo por parte del trabajador a cambio de un pago indemnizatorio que contemplaba los años de servicio y la categoría laboral. Estos eran pagados por el estado argentino, pero fueron financiados fundamentalmente por el Banco Mundial. Bajo esta modalidad se suprimieron 86.274 puestos de trabajo en las empresas prestatarias de servicios públicos, acumulando el 76% de estos retiros la empresa Ferrocarriles Argentinos.
Al respecto el diario CLARIN de fecha 3/2/2000 titulaba: “LA SITUACION LABORAL: MEDIDAS PARA REDUCIR EL DEFICIT DE LAS CUENTAS PUBLICAS. Retiro voluntario para los empleados estatales.” Aclaraba en el copete que dicho retiro voluntario comprendería “una parte de los agentes de la administración nacional y de los organismos descentralizados” y que serían indemnizados “con un mes de sueldo por cada año trabajado, más el 15%”. En el cuerpo de la nota expresaba que esta medida puesta en marcha por el gobierno, comprendería a “unos 90.000 empleados públicos” y que se complementaría con otras como “la cesantía de 6.000 funcionarios jerárquicos y no jerárquicos incorporados durante 1999, la reubicación del personal público dentro de una misma zona geográfica y el retiro forzoso de los que están en condiciones de jubilarse.”
Bruschetti
La medida de retiro voluntario podemos considerarla como una técnica biopolítica que intentaba “prevenir” a las empresas de la “enfermedad económica” que representaba la población de empleados públicos transferidos a sus filas. Desde esta tecnología de poder, para hacer vivir las nuevas empresas privadas, esperanza de la economía neoliberal floreciente, era necesario hacer morir el gasto generado por la carga de los trabajadores, y para ello una buena solución consistía en la modificación de la estructura de empleo.
Foucault señala que un Estado que funciona en la modalidad de biopoder, puede asegurar su función mortífera sólo mediante el racismo. En este tipo de Estados advertimos la presencia de asesinatos directos e indirectos. Incluimos entre estos últimos los casos en que se expone a muerte, se multiplica el riesgo de muerte de algunos, o bien se favorece la muerte política, expulsión o rechazo.
En el contexto de la reestructuración socioeconómica presentado para el análisis, podemos reconocer cómo gran cantidad de los trabajadores que acordaron su retiro voluntario, al no existir políticas que orientaran la inversión de los recursos provenientes de las indemnizaciones, vieron como los mismos se fueron degradando en actividades cuentapropistas de servicios que no prosperaron, y se agotaron en plazos relativamente cortos, contribuyendo a engrosar las filas del desempleo y la pobreza, generando en relativo corto plazo una masa de desocupados inédita para la economía argentina. Mediante un mecanismo claramente expulsivo, se priorizó hacer vivir las nuevas empresas privadas, dejando morir a los trabajadores que habían participado del proceso productivo en los años en que el estado cumplía un rol proteccionista.
ALEJANDRA CORNEJO
La guerra fue concebida desde los orígenes de la era moderna hasta todo el siglo XVIII como guerra de razas. El tema de las razas no estaba destinado a desaparecer, sino a ser retomado en algo totalmente diferente de la guerra de razas: el racismo de estado.
En la teoría clásica de la soberanía, el derecho de vida y muerte era un atributo del soberano. Este puede hacer morir o dejar vivir. El derecho de matar contiene en sí al derecho de vida y muerte: el soberano ejerce su derecho sobre la vida desde que puede matar. La muerte es el punto en que se plasma del modo más manifiesto el absoluto poder del soberano.
Hay una metamorfosis actual de lo político, que podría expresarse del siguiente modo: mientras antes se trataba de hacer matar y dejar vivir hoy, sin que se hayan abandonado las viejas prácticas de dar la muerte como forma de sostener el poder, la lógica que progresivamente se va imponiendo es la de hacer vivir y dejar morir.
Sería un pasaje de lo político a lo biopolítico, que actúa más sobre las poblaciones y los territorios que sobre los individuos. Y a partir de tomar el ejemplo de la guerra, leyendo el artículo del cual transcribo el copete, en que –entiendo - se puede apreciar el paso del principio del “matar y dejar vivir” al “hacer vivir y dejar morir”.
“ El 29 de Agosto de 2008, partieron de Madrid dos aviones con 54 toneladas de ayuda de emergencia abren hoy un "puente humanitario" entre España y Palestina, que continuará previsiblemente la próxima semana con el envío de más material. Los dos aparatos están preparados en la Base Aérea de Torrejón (Madrid) y tiene previsto despegar esta mañana, aunque el temporal de nieve que afecta a gran parte de la península y la saturación del espacio aéreo que ello ha ocasionado podrían retrasar su salida.”
Asimismo, Israel fue durante el primer semestre de 2008, seis meses antes de la invasión de Gaza, un buen cliente de la industria armamentística española. Así lo reconoce el propio Gobierno de Zapatero en su último informe sobre el control de comercio exterior de material de defensa.
España exportó a Israel durante ese periodo material bélico por valor de 1.551.933 euros. La práctica totalidad, en concreto el 94,13%, tenía como destinatario a las Fuerzas Armadas del Estado hebreo.
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